Santa Cruz se transforma en la ‘otra Habana’ para Los Indianos

La llegada de la Negra Tomasa. | Andrés Gutiérrez

Llegan los Indianos. Y lo hacen por mar, como antaño retornaban los palmeros que cruzaron el Atlántico en busca de fortuna; pero también por aire, en vuelos procedentes del continente, atraídos por una fiesta que se ha convertido en poco más de medio siglo en uno de los principales actos del Carnaval de Canarias, y por supuesto, por tierra, porque Santa Cruz de La Palma será mañana el epicentro de todos los habitantes de la Isla.

¿Qué hace diferente a Los Indianos de La Palma?. ¿Cuál es la clave para que despierte tantas pasiones? ¿Existe alguna pócima secreta para atraer cada vez a más visitantes y que sea objeto de copia por ciudades que presumen de contar con uno de los carnavales más importante de Europa? La respuesta a estas preguntas hay que buscarla en su relato. Una fiesta que contiene un discurso narrativo que se ha conservado y alimentado con el tiempo, incluso en los últimos años, dominada por una auténtica marea humana, que ha hecho incluso temer que se podría desvirtuar su sentido.

Un relato que articula la estrecha vinculación histórica entre Santa Cruz de La Palma y Cuba, cuya presencia sigue viva en tradiciones como la tabaquera, la música o incluso el propio lenguaje, con la diversión, el humor y la alegría del Carnaval. Un equilibrio que ha conservado, a pesar de las batucadas y otras meteduras de pata, y que hacen tan singular el que está considerado el gran lunes del Carnaval de Canarias por derecho propio. Una fiesta que tiene su mejor momento durante la mañana (no busquen fuera de La Palma el origen del ahora llamado Carnaval de Día), con momentos como la Espera o la explosión que supone la llegada de la Negra Tomasa a la plaza de España, y en la que conviven todas las generaciones, pequeños y mayores, jóvenes y adultos, en armonía.

Al ritmo del son cubano, en Los Indianos. | Andrés Guriérrez

A diferencia de otros carnavales, Los Indianos no se han popularizado por sus galas o desfiles de una u otra naturaleza, es decir, por aspirar a ser un espectáculo, sino por convertirse en una experiencia. Los Indianos no se contemplan o se escuchan, se viven. Ese día nadie se libra de los polvos de talco que flotan en la geografía indiana, que discurre en una nube blanca del muelle a La Alameda.

El pueblo se transforma por un día en indiano, parodiando a aquellos emigrantes retornados, que entraban por el puerto presumiendo de joyas y fortunas, de cachifas mulatas y aves de exóticos colores, contando aventuras y desventuras , reales o inventadas, entre selvas y cafetales caribeños, que poblaban la imaginación de sus parientes y vecinos, que los recibían con igual interés que ironía. Además de la población, la ciudad de Santa Cruz de La Palma se convierte por un día en una especie de pequeña Habana. Su monumental centro histórico, su urbanismo y arquitectura, establece una entrañable complicidad con la fiesta, que contribuye a dotarla de plena autenticidad. Otro marco,. sería impensable.

TE PUEDE INTERESAR