¿España tiene remedio? ¿Las dos Españas serán alguna vez una sola? ¿Llegaremos a parecernos a las sociedades de nuestro entorno, vertebradas en torno a una tradición, una cultura y unos valores democráticos compartidos? La respuesta es que no. La política es un reflejo y una consecuencia de la sociedad, y la sociedad española es una sociedad invertebrada, picaresca y sin tradiciones ni referencias democráticas. Nuestra mitificada Transición alumbró una cierta esperanza de cambio de rumbo en nuestra triste historia fratricida, pero fue un pobre espejismo. La Transición está destruida, y volvemos a ser lo que siempre fuimos. Con el agravante de que nuestro auténtico pasado se ha borrado de la conciencia colectiva, y nuestra memoria histórica ha terminado por concluir en la última guerra civil: lo que ocurrió más atrás, incluyendo nuestras otras guerras civiles, es como si no hubiera existido nunca. La izquierda no democrática, cerril y revanchista revive una y otra vez esa guerra, que también perdieron la izquierda y la derecha democráticas, y pretende ganarla después de ochenta años. La derecha democrática, convertida en socialdemócrata, gobierna prisionera de sus complejos. Y no es casualidad que España sea uno de los pocos países en donde arraigó el anarquismo, antecedente del terrorismo.
La lamentable situación del poder judicial es una muestra de lo que decimos. Una justicia y unos jueces politizados e intervenidos por el poder. Unos fiscales que siguen dócilmente las órdenes del Gobierno. Y el Tribunal Constitucional convertido en un órgano político, cuyos miembros son designados no por su competencia jurídica, sino por sus fidelidades ideológicas y partidistas. Algunos presuntos corruptos llevan en prisión preventiva más de dos años, al tiempo que Urdangarin se pasea por Ginebra con la infanta y la familia Pujol sigue sacando dinero de España y destruyendo pruebas impunemente, sin que ningún juez lo impida. Mientras tanto, Podemos implanta la política del miedo y la autocensura en los medios, y la Asociación de la Prensa de Madrid tiene que salir a defender a periodistas amenazados e insultados por los leninistas. En nuestras huelgas proliferan las agresiones, coacciones y amenazas. Y las redes sociales se han convertido en un estercolero, en donde acampan los sectores más miserables y repugnantes de la sociedad española. No, España no tiene remedio. El último que apague la luz.
