
El escritor grancanario Alexis Ravelo, premio Dashiell Hammett en 2014, acaba de publicar su última novela, Los milagros prohibidos (Ediciones Siruela), que está basada en los hechos que sucedieron en la llamada Semana Roja de La Palma y el fenómeno posterior de los alzados, es decir, como se conoce a aquellos varios centenares de hombres, partidarios del Gobierno republicano, que tras la toma del poder por parte de la fuerzas franquistas huyeron a los montes de la Isla, siete días después de que se iniciara la Guerra Civil.
Ravelo, que confiesa que es un enamorado de la Isla Bonita, “mis vacaciones ideales son una casa rural en La Palma”, dedicó seis años a esta obra, que llegó a ser “una obsesión”. Cuatro para documentarse y otros dos para escribirla. “Llevaba años detrás de algo que me permitiera hablar de la Guerra Civil y de repente di con el tema de los alzados y me pareció absolutamente novelable”. “Me sorprendió que nadie hubiera tocado este tema antes”, añade.
Un hecho poco conocido, incluso en Canarias, que esta obra contribuirá a difundir. Ravelo señala que en los estudios históricos sobre la Guerra Civil, las Islas apenas aparecen. “Parece que en Canarias no pasó nada. Y Franco salió desde aquí. Hubo campos de concentración, las tristísimas cárceles flotantes, Fyffes o los alzados”, recalca el autor, quien señala que este hecho ocurrido en La Palma concentra “todos los temas que nos interesan para contar la Guerra Civil: la división de la izquierda; cómo el caciquismo se alía con la derecha más moderada; sectores de la burguesía que permanecen fieles a la república, etc. Me parecía un absoluto filón”.

El paisaje también es importante en la novela, que recorre buena parte de la geografía palmera, arrancando del norte de la Isla, en el Cubo de La Galga, y concluyendo en el sur. “Esta novela me ha permitido reflexionar sobre un paisaje que es paradisíaco, pero que de repente se convierte en una sucursal del infierno”, comenta.
Ravelo comenzó a escribir una novela histórica, pero cambió el enfoque y decidió narrar esta historia “a través de un triangulo amoroso”. Un triángulo de amor entre un maestro granadino, Agustín Santos, que viaja a La Palma con las misiones educativas de la República, donde conoce “no solo el amor de su vida, Emilia, sino también las ideas de izquierda a través del radio comunista”. Mientras que el “villano” de la obra es Floro el hurón. “Un tipo de clase proletaria, que estuvo enamorado toda su vida de Emilia y se une a la Falange, donde encuentra la oportunidad para ir a por el tipo que considera que le quitó la novia”. “La novela, al final, es un duelo entre estos dos hombres que se van persiguiendo por La Palma”.
“Más que una novela sobre la Guerra Civil, es una obra sobre la violencia, el rencor, el amor, las lealtades (…) una novela de pasiones, donde aprovecho para intentar destapar un trocito de nuestra historia, que es muy representativa no solo de la Guerra Civil, sino de la mentalidad isleña”, comenta el autor, que en estos momentos se encuentra promocionando la obra en la Península. Esa mentalidad isleña que, a su juicio, es la que lleva a los alzados a emprender su huída hacia el interior de la Isla, en lugar de hacerlo al exterior, “que parecería lo más lógico”.
La violencia que se ejerció con la represión franquista en La Palma contrasta con el mantenimiento pacífico del orden constitucional que existió durante los siete días que duró la Semana Roja, donde, según Ravelo, existió “un pacto social para no derramar sangre”. En los primeros momentos de la toma del poder por los golpistas, incluso, la violencia es más contenida, dándose casos de personas partidarios del golpe de Estado que intentan proteger a republicanos.

Pero todo cambia con la llegada del General Dolla, que recrudece la violencia contra los republicanos. “Un señor del que solo he podido ver una foto y es la imagen del mal. Un villano sobre el que no se puede escribir una novela porque es tan perfecto que nadie se lo creería”, explica Ravelo, que añade que Dolla será quien “azuza los más bajos instintos, y además entre las clase proletaria”.
“Hay una cosa que me interesa mucho contar en las novela, que es el hecho de que entre la clase dirigente se aprovechan de los proletarios y de azuzar sus bajos instintos para que hagan el trabajo sucio”. Como le ocurre al personaje de Floro el hurón .
El título de la obra, Los milagros prohibidos, hace referencia a la esperanza contra toda esperanza que mantiene Emilia de que Ángel Santos sobreviva a la persecución que sufre como alzado en los montes de La Palma. “La familia la intenta consolar y ella piensa que sería un milagro si está bien. Pero los fascistas acaban de prohibir los milagros. Es una reflexión sobre lo fácil que es perder la esperanza y lo difícil que es perderla del todo”.
La Palma fue pionera en España en la recuperación de la memoria histórica, con la apertura de la primera fosa común de las tres que se han encontrado en Fuencaliente. Ravelo tiene claro la necesidad de reivindicar este proceso. “Hasta que cada muerto no esté enterrado en su sitio, las heridas no se podrán cerrar”. Advierte además de que “no es una cuestión de izquierdas contra derechas, sino de demócratas y no demócratas. El que no quiera abrir las fosas no es demócrata, punto”, recalca.
Le impresiona que en las presentaciones que está haciendo del libro se encuentre siempre con alguien que defiende que en ambos bandos pasó lo mismo. “Si escribiera algo del holocausto nazi o los campos de la muerte de Camboya, que es el único país con más desaparecidos que nosotros, ¿me discutirían quienes son los verdugos?”, se pregunta.

El escritor destaca la “inmensa generosidad” mostrada por el historiador palmero Salvador González Vázquez durante la labor de documentación sobre este período de la historia en la Isla. “Es el autor fundamental para estudiar este fenómeno, con quien tengo una inmensa gratitud”, comenta Ravelo, que destaca incluso que le permitió acceder a obras inéditas para contextualizar la novela. González Vázquez es autor de libros como Los alzados de La Palma durante la Guerra Civil (Le Canarien) o La Semana Roja de La Palma (CCPC).




