ciencia

Las huellas del espacio cercan a Canarias

Un libro del geólogo y paleontólogo Francisco García-Talavera revela que hace entre 10.000 y 30.000 años se produjo un triple impacto “colosal” de meteoritos a 600 kilómetros del Archipiélago; la obra, que se presenta el martes en Tenerife, descubre sorprendentes cráteres en El Sahara y violentas colisiones de asteroides en Mauritania

Francisco García-Talavera, en el desierto mauritano en una de las expediciones; al fondo se aprecia el cráter Tenoumer, cuya magnitud se capta en la imagen superior en una foto de la NASA desde el espacio. DA
Francisco García-Talavera, en el desierto mauritano en una de las expediciones; al fondo se aprecia el cráter Tenoumer. DA

“El estudio de los cráteres de impacto es una ciencia bastante reciente”, destaca el escritor, geólogo y paleontólogo tinerfeño Francisco García-Talavera para referirse a su último libro, Meteoritos del Sahara y cráteres de impacto en Mauritania, resultado de un compendio de experiencias forjadas en cuatro expediciones al continente vecino, entre 2002 y 2007, para estudiar las huellas del espacio en el gran desierto africano, uno de los laboratorios más fiables para analizar la caída de meteoritos.

“El Sahara, junto con la Antártida, es una de las regiones de la Tierra donde se han encontrado más meteoritos, porque la mayor parte del desierto es llano, con una arena clara, silícea, de granitos de cuarzo, y estos cuerpos suelen ser rocosos, de color oscuro, fácilmente identificables”, señala el experto. Todo lo contrario que ocurre en Canarias por la naturaleza volcánica de las islas y la presencia generalizada de roca basáltica.

“Aquí, por una cuestión de probabilidad, seguro que habrá caído alguno, aunque la mayoría han acabado en el mar, lo cual es lógico por su extensión”. Apunta, eso sí, que en Lanzarote existen cráteres volcánicos en Timanfaya, anteriores a las grandes erupciones entre 1730 y 1736, que son “casi idénticos” a los de impacto.

La primera de las expediciones, en 2002, tenía un objetivo claro: traer material suficiente para que el Museo de la Naturaleza y el Hombre albergara una exposición. “Teníamos un pequeño fragmento de un meteorito metálico y poquito más; ya estábamos al tanto de que en el Sahara estaban apareciendo muchos”. Los contactos iniciales con saharauis en los campamentos de Tinduf y un posterior encuentro en Nuakchot acabó dando sus frutos.

232 kilos de peso

“Nos trajimos uno de los mayores meteoritos que se han encontrado hasta ahora en todo el norte de África, de 232 kilos de peso, de hierro y níquel. También trajimos otro de gran tamaño, rocoso, de 55 kilos y a partir de ahí fuimos incorporando otros de menos tamaño hasta completar una muestra de más de 150 unidades”.

A juicio de Jesús Martínez Frías, doctor en Ciencias Geológicas y autor del prólogo del libro, es una “magnífica colección, de las más importantes de España y con tanto aún por investigar”. Pero mover 232 kilos de peso desde Mauritania a Canarias no fue precisamente una tarea fácil. “Traer aquello fue todo un número, una odisea. En aquel momento no habían empezado los secuestros, todavía había seguridad en la zona. Tras unos contactos con unos empresarios de aquí, conseguimos su apoyo para que un avión que traía pescado a Gran Canaria transportara los grandes meteoritos”. Hoy lucen como dos reliquias en las dependencias del museo propiedad del Cabildo, realzando una de las exposiciones más importantes sobre esta materia en toda el área noroeste de África.

En el trabajo recopilado en un centenar de páginas, en el que prima un enfoque didáctico con numerosas ilustraciones, se describe con detalle uno de los cráteres de impacto más singulares de todo el planeta: el Richat, en la meseta mauritana de Chinguetti, bautizado por los astronautas como el Ojo de África. “Yo lo llamo desde 1995 el Ojo del Sahara. Es una estructura sorprendente de casi 50 kilómetros de diámetro conformada por varios anillos concéntricos”, relata García-Talavera, que no duda en calificar este accidente geográfico, descubierto en 1934 por el naturalista francés Theodore Monod, como uno de los más singulares del noroeste africano. El científico galo atribuyó aquella enigmática formación al impacto de un asteroide, aunque gran parte de sus colegas de París lo desmintieron y lo relacionaron con un fenómeno de origen magmático.

Triple colisión

Tras una ardua investigación realizada sobre el terreno en 2005, el geólogo tinerfeño se muestra convencido de que allí se produjo la gran colisión de un asteroide, hace entre 10.000 y 30.000 años, según la datación del cráter Tenoumer. Para ello esgrime un argumento contundente: “A 220 kilómetros al noreste existe este cráter, que es de los más peculiares del mundo, con dos kilómetros de diámetro, perfectamente circular y en un paisaje absolutamente marciano, y 170 kilómetros al noreste de Tenoumer está el Temimichat, de solo 700 metros de diámetro. Si trazamos una línea entre el centro de los tres cráteres, sale una recta perfecta”.

Según su hipótesis, la extraordinaria alineación es consecuencia de un “impresionante impacto múltiple producido por un asteroide de dos kilómetros de diámetro, fragmentado, o con dos pequeñas lunas que se alinearon por la fuerza gravitatoria”. Tal como se explica en el libro, los catedráticos de la Universidad de Valladolid Fernando Rull y Francisco Sobrón ya han hecho un modelo físico-matemático de la tesis de García Talavera donde se aprecia a través de una simulación cómo pudo ser el brutal impacto triple. Su teoría va calando, varias publicaciones en revistas científicas empiezan a darle la razón.

Efectos en las islas

Preguntado por los posibles efectos que pudo producir en Canarias la violenta caída de colosales meteoritos sobre el desierto mauritano, García- Talavera sostiene que la “enorme cantidad de energía liberada tuvo que afectar dramáticamente en mayor o menor medida a la región circundante del noroeste africano”. Pero incluso va más allá, al precisar que “si se confirmara el triple impacto, sus efectos afectarían de lleno al ecosistema de las islas”. “Nuestro Archipiélago, a poco más de 600 kilómetros del cráter de Temimichat y a unos 800 del Ojo del Sahara, acusaría de manera inmediata la onda expansiva y la energía calorífica liberada tras los impactos, que sería devastadora, tal vez miles de veces más potente que cualquier ensayo nuclear que se realiza en la actualidad. Arrasaría toda la vida en varios cientos de kilómetros a la redonda”.

Sobre la procedencia de estos cuerpos, García-Talavera recuerda que nuestro sistema planetario, el solar, cuenta con un cinturón de asteroides entre la órbita de Marte y Júpiter. “Hay millones de distintos tamaños”.