
El 24 de abril de 2013 se produjo el colapso de un edificio de ocho pisos en Savar, en la capital de Bangladés. Al menos 1.127 personas murieron y otras 2.437 resultaron heridas. El edificio contenía, en su gran mayoría, fábricas de ropa. Esta tragedia puso en el punto de mira las condiciones de trabajo de miles de personas en el llamado tercer mundo, las mismas que hacen las camisas, los vestidos y los pantalones del primer mundo. Cuestionarse sobre esas condiciones, concienciar sobre ellas, pero también trabajar para cambiarlas, es lo que lleva haciendo desde hace 20 años la tienda de Cáritas en Tenerife, El Surco. Hoy, con motivo del Día Internacional del Comercio Justo, este pequeño espacio ubicado en la calle Juan Pablo II de la capital, el único de este tipo en la Isla, acoge un brunch con comercio justo. “Los clientes, o todo el que quiera conocer un poco más lo que aquí hacemos, pueden acercarse a este desayuno-almuerzo en el que se servirán productos de agricultura ecológica locales y de comercio justo”, explica el responsable de este proyecto, Suso González. “Vamos a unir dos iniciativas de Cáritas, esta de El Surco y la de Buscándome las habichuelas, que será la que nos aporte los productos ecológicos y también los jugos”.
González explica que la tienda, en la que puede encontrarse café, chocolate, galletas, ropa, artesanía, etcétera, nació como tal en 1998, cuando, después de poner en marcha varios proyectos de comercio justo de forma puntual, “Cáritas apostó por un espacio permanente en el que desarrollar esta actividad”, señala. Respecto a cómo definiría el comercio justo, González explica que “todos consumimos productos que están hechos en algún lugar del mundo y en unas condiciones concretas, pero la mayoría de las veces no nos paramos a pensar qué es lo que hay detrás de ese consumo”. “Hay realidades -continúa-, hechos como la tragedia de Bangladés, de la que ahora se cumplen cuatro años, que traen al frente a las personas que están detrás de cada uno de esos productos”. Por tanto, “lo que tratamos de hacer con el comercio justo es que con esas transacciones ganemos todos; lo ético es que todos salgamos beneficiados, los que compran y los que venden”, añade González.

Reconoce este responsable de Cáritas que el concepto que se respira en El Surco es aún desconocido en la Isla. “Llevamos ganando clientes desde que abrimos en 1998; gente que viene porque les gusta el café o el chocolate que vendemos aquí, que quieren tener un detalle con alguien y se acuerdan de nosotros”. “Además -añade-, no solo garantizamos que el producto procede del comercio justo, sino que es de máxima calidad, que se respeta el medio ambiente en su elaboración y que en las cooperativas en las que se produce existe igualdad”.

El futuro de El Surco pasa, asegura González, por incrementar las actividades de sensibilización. “Queremos usar el espacio de la tienda para dar charlas y talleres que conciencien sobre el comercio justo. Hacer una labor directa con quien entre en la tienda”. También apuesta Cáritas por seguir acudiendo a los centros educativos, asociaciones o colectivos para explicar lo que es el comercio justo, un término que, aclara González, para ponerlo en práctica no es necesario irse lejos: “Puedes ponerlo en práctica con el vecino de al lado”.




