
Reinventemos Europa. Es el objetivo de una corriente de opinión de reciente creación cuyo objetivo es insuflar nuevos aires al proyecto europeo, amenazado por el auge de los populismos y el hartazgo creado entre la ciudadanía a cuenta de los efectos de la crisis política y económica que sigue afectando a la Unión.
Surgido hace un año, este movimiento encuentra su origen en una asociación denominada Cívico Europa y entre el llamativo listado de apoyos que han suscrito la iniciativa figuran destacados políticos e intelectuales, algunos tan dispares como el expresidente del Gobierno de España Felipe González y el antiguo líder del Mayo del 68 y hoy eurodiputado verde Daniel Cohn-Bendit.
Precisamente hoy, el grupo pasa a la acción con el inicio de una serie de debates que arrancan en Bruselas con el afán de responder a esta cuestión: “¿Cuál es la vía europea hacia un futuro mejor En concreto, ¿cómo vincular a nuestros conciudadanos con la búsqueda de soluciones positivas?”. De la relevancia que se le otorga al acto da cuenta la presencia en el mismo del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.
Como prólogo a la cita de hoy, ayer se hizo público un manifiesto -que difundió el periódico El País- en el que se resume la breve historia y los objetivos de esta corriente llamada Reinventemos Europa. En el mismo se considera que, tras los recientes resultados electorales en países como Hungría, Austria, Holanda y Francia, se crea “una oportunidad histórica de refundar el proyecto europeo sin perder tiempo. Por eso hemos decidido abrir desde hoy un gran debate cívico continental que implique a nuestros ciudadanos en la redacción de un nuevo capítulo de la historia de nuestra Unión Europea”. Tras recordar el llamamiento de hace un año, en el que se invita a toda la ciudadanía “a movilizarse contra las tentaciones de repliegue nacionalista y a promover un nuevo espíritu cívico europeo” y a “unirse para crear las condiciones que permitieran reinventar la Unión Europea con un proyecto centrado en los ciudadanos”, se anuncia que “ha llegado el momento de esa transformación, de hacer de la UE una potencia política, democrática, industrial, cultural, ecológica y social, capaz de defender los intereses y los valores de nuestros conciudadanos, que se convierta en un elemento activo y fundamental de la globalización y deje de ser un observador débil y pasivo”.
Posteriormente se congratulan los organizadores del eco alcanzado, reconociendo que les ayuda “la conmoción provocada por el resultado negativo del referéndum británico y la nueva situación internacional, con la inesperada elección de Donald Trump y el endurecimiento de las posiciones políticas de Rusia”.
“Hoy tenemos el deber colectivo de actuar y todos debemos asumir esa responsabilidad. Somos conscientes de que nuestras sociedades todavía están fragmentadas: es urgente reforzar nuestras posibilidades de crecimiento, combatir enérgicamente las desigualdades e inventar los derechos y las libertades del futuro para ofrecer a todo el mundo unas perspectivas duraderas de progreso y de inclusión democrática; en caso contrario, la cohesión de nuestros países y de la UE correrá peligro”, continúa el manifiesto a la hora de enunciar los objetivos que motivan este movimiento, tras lo cual se insiste en la necesidad de que se trate de una empresa común porque, dicen, “para cambiar la situación, es importante que cada uno asuma sin más tardar sus responsabilidades: los Estados y la Unión, pero también los ciudadanos y los líderes de opinión. Es lo que estamos intentando hacer hoy, a nuestro nivel y con los limitados medios de que disponemos, al comprometernos y volver a tomar la iniciativa”.
Sobre la metodología para alcanzar tan loables fines, se detalla que se ha solicitado “a los dirigentes europeos unas propuestas concretas -lo mismo que hemos pedido que hagan los presidentes de la Comisión y el Consejo- para tratar de reequilibrar el proyecto europeo y tener más en cuenta las preocupaciones de nuestros conciudadanos en torno a siete aspectos: la democracia, la educación y la cultura, la dimensión social, el desarrollo duradero, la economía y la industria, la moneda y, por supuesto, la seguridad, la defensa y la política exterior. Pero queremos ir más lejos. Nos parece urgente dar nuevo aliento a nuestras democracias representativas fomentando una verdadera democracia deliberativa y participativa en Europa”.
Es prácticamente al final de este pronunciamiento cuando se marca un futuro inmediato al proyecto, por cuando desvela que se proponen “organizar un nuevo proceso participativo europeo que comience en otoño, cuyo propósito sea involucrar a los ciudadanos en la definición de las prioridades y los proyectos políticos de la Unión; de ahí saldrán pactos cívicos en toda la UE que comprometan la responsabilidad de los ciudadanos. Pedimos que todos los que están convencidos de que es necesario que inventemos juntos nuestro futuro se unan a nosotros y nos apoyen”.
Resta añadir que al pie del manifiesto figuran como abajo firmantes medio centenar de destacadas personalidades europeas.





