los blanquiazules, con la miel en los labios

“El año que viene volveremos”

Los aficionados del CD Tenerife viven el partido subidos en una montaña rusa de emociones, pero acaban sufriendo una de las decepciones más importantes de la historia de la entidad
Las imágenes muestran la ilusión previa al compromiso, la impotencia generada durante el mismo y la decepción final de los aficionados. FRAN PALLERO

Sin ilusión no hay decepción. Ayer la afición del CD Tenerife se llevó uno de los peores palos de su historia, pero, como la gente valiente que son, nada más caer ya estaban prestos a levantarse. No pudo ser, pero el orgullo de llevar sangre blanquiazul está por encima de cualquier resultado.

La moral del aficionado está hecha a prueba de bombas y las dos que soltó el Getafe en apenas un cuarto de hora de partido no hizo desvanecer el espíritu positivo de la hinchada. Agolpada multitudinariamente en bares, locales de apuestas o asociaciones de vecinos, aguantó ese aluvión inicial y saltó de alegría para celebrar el tanto de Lozano con un grito unánime que se escuchó hasta en Tegucigalpa.

“Qué bueno es el japo, una pelota que toca…”, manifestaba uno de los más veteranos que se daban cita en el bar Imperial, a pocos metros del legendario corazón de las celebraciones blanquiazules, la plaza de La Paz.

Durante unos minutos el Tenerife volvía a ser de Primera y ya había planes para acudir al derbi y espejos en los que ir mirándose. “El Eibar lo ha hecho muy bien con un equipito apañadito y mira Las Palmas este año hasta que pasó lo de Setién”, pero llega el segundo tanto, de Pacheco, que devuelve al Tenerife a la realidad de la categoría de plata y obliga al aplazamiento momentáneo de cualquier sueño. “No es posible que jugándote la vida a un partido solo te hagan tres goles con nada”, dice la voz del lamento, que guarda, como siempre, la esperanza y saca a relucir esa capacidad para buscar aspectos positivos a los que agarrarse. “Bueno, seguimos vivos, un gol nos sirve”.

No es buen día para los bares. Las cervezas no bajan con fluidez por las gargantas blanquiazules, hay algo ahí que oprime el paso. “Estamos con los huevos en la garganta, hay que ser más valientes”, señala un hombre que da con la clave.

En la segunda mitad el Tenerife pasa a tomar el mando. Poco acierto a la hora de conducir y de decidir, en especial cuando le toca el turno a Amath. Quince goles prometió el senegales, que regresa al Atlético de Madrid. Se quedó a tres tantos de cumplir su promesa. “No da una, desde que tuvo el rollo ese en el pie parece que juega con las botas cambiadas, la izquierda se la pone en la derecha”, señalaba un aficionado al que pocas uñas le quedaban.

Caían los minutos, el Tenerife se estiraba, pero había esperanza y empezaba a aparecer la rabia. “Los dos goles los ha metido un nota que tenía que estar sancionado, estos mafiosos ya se sabía que tienen que ascender por lo civil o lo criminal”, refleja el más vehemente de los que se han juntado alrededor de una cafetería de El Chapatal, el mismo que empieza a ver cosas raras en el arbitraje.

Sigue empujando el Tenerife y sigue amenazando el Getafe con sentenciar. Sus llegadas no son claras, pero tampoco permiten que los aficionados se puedan despegar de sus sillas. Calor, sofoco, ansiedad e impotencia. “Ya al Mora este lo tenían que haber echado a la calle, tremendo patadón le dio a Aarón y este golfo se hace el loco… y mira, mira, tremendo penalti se acaba de comer”, reclaman después de una dura entrada de Sergio Mora y de un cabezazo de Germán que se encuentra dentro del área con la mano de un jugador azulón.

La división se empieza a hacer más patente. Unos mantienen la esperanza, otros agachan la cabeza. Amath tiene otra en la que elige mal. “Déjala que venía Jouini de frente”, se escucha justo antes de señalar al tunecino como el posible héroe del ascenso, “va a marcar, ya verás, va a marcar”, le comenta un aficionado a su compañero de mesa, que lo mira y le responde: “No te lo crees ni tú, este no le marca ni al Villaviciosa de Abajo”.

Expiran los minutos, el Getafe sufre lipotimias masivas. De los últimos 15 minutos se juegan apenas cinco. Aún hay tiempo para varios ¡uuuuuyyy! más hasta que llega el final. “Somos el Tenerife, sufrimos sí o sí, pero el año que viene volveremos”.

LA NOCHE MÁS TRISTE EN LOS LUGARES MÁS EMBLEMÁTICOS

No hubo fiesta blanquiazul. El Tenerife murió en la orilla, justo donde estaba todo preparado para celebrar por todo lo alto el regreso a la máxima categoría. La plaza de La Paz y la de España vivieron su noche más triste. Los lugares emblemáticos de los birrias a la hora de desplegar su éxtasis por los éxitos deportivos quedaron desiertos. Dolor, lágrimas, resignación y orgullo eran las sensaciones, y puestos a buscar conclusiones positivas, lo principal es que este equipo ha devuelto la fiebre blanquiazul a sus aficionados.

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