después del paréntesis

El hombre menguante

El filósofo austriaco del siglo pasado Karl R. Popper confirmó el valor de la perspectiva en los análisis

El filósofo austriaco del siglo pasado Karl R. Popper confirmó el valor de la perspectiva en los análisis. Lo corroboró en su excepcional autobiografía Búsqueda sin término. Cuenta ahí que tuvo un primer maestro, Adalbert Pösch. En realidad era un carpintero, y no un enseñante o un teórico. Popper supo, cuando trabajó como ayudante a su lado en la adolescencia, que el señor Pösch se aplicaba en construir una máquina de “movimiento perpetuo”. Lo cual le dio para interpretar una de las claves de nuestro entendimiento: la eternidad, la inmortalidad, de ahí una quimera suprema, Dios. También recuerda que el sabio le manifestó que podía preguntarle lo que quisiera y sobre lo que quisiera porque lo sabía todo. Lo cual quiere decir que el filósofo supo pronto que el conocimiento no se gana por ciencia infusa, sino que se llega a él con dedicación, esfuerzo…; además de la inquietud, una de las razones de la existencia de los hombres. Aunque parezca contradictorio, una lección del señor Pösch resultó definitiva: qué significa la “infinitud de la ignorancia”. El saber vive, pues, unido a la sospecha. Así, la mirada de los occidentales siempre se confunde con los universales. Nosotros somos los dueños de Dios, de la cultura, del arte, de la sabiduría… Pero partimos de una evidencia elemental y tosca: los añadidos, el infinito. La cuestión es el revés. Si por el conocimiento inmediato constatamos que una superficie de 20 x 10 cms da dos de 10 x 5 por fracción, también cuatro de 5 x 2,5 y… Eso ideó el novelista y guionista Richard Matheson en El increíble hombre menguante, el sujeto que disminuye de estatura y el tiempo lo llevará (con vida y con conciencia) a la medida de un átomo, a la de las partículas subatómicas… Porque lo que el conocimiento confirma es la relación de los pensantes con la multiforme realidad. Un ejemplo: nuestra manera de contar tiene un principio, el 1; los mayas, que eran muy sabios, mucho antes que nosotros decidieron. Si tengo un año, sumo. Ese no es el inicio; el inicio es el 0. La nada, lo otro, existe. Popper tenía razón. Los fundamentos de los humanos no se arriman solo a la evidencia, a lo contable, al éxito, a la riqueza… Los hombres conocemos a los espíritus, nos entusiasma el arte o nos rendimos ante el amor. Eso nos reafirma y no lo que aducen los tecnócratas o arribistas que no solo nos roban la ilusión, sino que destruyen la enseñanza que libera o nos prohíben las sensaciones.

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