
La embajada de Argentina que más trámites tiene en el mundo es la de España. Ocupa el 20% de las acciones diplomáticas, incluyendo los consulados, más que Estados Unidos y China, con el que el país latinoamericano mantiene básicamente relaciones comerciales. La persona que está al frente desde diciembre de 2015 es Federico Ramón Puerta, quien esta semana visitó Tenerife por primera vez en calidad de embajador de España con motivo de la llegada de la fragata Libertad, buque escuela de la Armada Argentina. Antes de ser embajador fue gobernador de su provincia, Misiones, diputado, senador y hasta presidente del país durante 48 horas por un hecho fortuito, como fue la repentina salida del gobierno de Fernando de la Rúa. Nieto de abuelo granadino, su relación con este país es de larga data, tanto por sus lazos familiares como por su actividad empresarial, la producción, industrialización y comercialización de la yerba mate. “Intentar vender este producto hace 40 años era difícil, pero se consiguió”, bromea.
-¿Cuántos ciudadanos argentinos viven en Canarias?
“Unos 20.000. Aunque hay algo que añadir, seguramente son muchos más pero no están registrados. Con los tristes hechos de Barcelona, comprobamos que dos argentinas que fallecieron y tres de los heridos no figuraban en el consulado. En toda España hay 350.000”.
-Una de las principales demandas es la reimplantación de líneas aéreas directas de las islas con Argentina. ¿Es posible?
“Es una gestión muy fuerte que la estoy encarando en calidad de embajador. Creo que en el olfato comercial de las líneas que operan entre España y Argentina algunas deben aprovechar ambos destinos turísticos que son importantísimos, tanto Tenerife como Las Palmas. Yo lo vengo sugiriendo y vamos a ser toda la fuerza que esté a nuestro alcance para conseguirlo”.
-Después de los años conflictivos con el Gobierno kirchnerista, ¿resulta difícil restituir las relaciones entre ambos países?
“Las pésimas relaciones que tuvo el kirchnerismo no solo fueron con España, consiguió tener hipótesis de conflicto hasta con Uruguay y eso es para el Guinness. Nunca pensé que podíamos encontrar motivos con este país después de haber resuelto el problema con la isla Martín García, o la divisoria de aguas del Río de la Plata. Esta gente lo consiguió. Pero hay un refrán que dice ‘no hay mal que por bien no venga’, y el Gobierno de Mauricio Macri se ve facilitado en este sentido por el contraste. Aunque lo que estamos haciendo es lo normal, no es nada espectacular. La política de un país tiene que ser de apertura, de entendimiento, todo lo contrario a lo que fue durante el kirchnerismo. Sobre todo en los últimos cinco años, en los que hubo demasiados hechos conflictivos, no solo el de Repsol. Apenas iniciado el año 2004, el primer viaje que hizo el expresidente Néstor Kirchner, yo lo acompañé porque era presidente del Senado y llegamos 45 minutos tarde a la cita con el rey de España deliberadamente. Él quería llegar tarde y así lo hicimos. Y eso marca algo que no es normal. Ahora las relaciones se han normalizado”.
-¿La nacionalización de YPF o la apropiación de Repsol ya es un tema saldado entre España y Argentina?
“Sí. Si había diferencias y problemas en este asunto, se deberían haber negociado en el campo jurídico y diplomático, no hacía falta llegar a una expropiación. Eso se suma a que también la Administración se caracterizaba por no cumplir mucho los acuerdos. Pasó el tiempo y quedó claro que Argentina pagó una cifra extremadamente alta, más de 10.000 millones de dólares, por algo que se podría haber resuelto de otra manera. Además, nos enemistamos con un país con el que tenemos 500 años de historia común”.
-¿Las empresas españolas volverán a invertir en su país?
“Lo están haciendo. La inversión que ha hecho el banco Santander en Argentina es enorme, y si un banco de la dimensión y la seriedad de éste toma esa decisión es porque sabe que la actividad comercial y económica va a permitir tener negocios financieros. Y en este caso, ello va acompañado del entendimiento entre ambos países. El BBVA también lo ha hecho, igual que Unión Fenosa, que ha comprado Gasnor, una operación de más de 100 millones de dólares. Las empresas españolas están invirtiendo a un ritmo que, obviamente, se va a acelerar a medida que se consolide el sistema institucional argentino, que estaba bastante casqueado. Llevamos un año y medio de legislatura”.
-¿En estos momentos la Argentina genera confianza a la hora de hacer negocios?
“La confianza se pierde en un minuto y se recupera en años. En ese rumbo estamos, y necesitamos tener una continuidad en el modelo económico porque da seguridad jurídica”.
-¿Cuáles son los errores más graves que se cometieron durante los doce años de kirchnerismo en las relaciones diplomáticas con España?
“Fue una política exterior muy distinta a la que llevan los países que pretendemos ser defensores de la paz, la armonía, el entendimiento y el trabajo en conjunto para el beneficio de ambos. El viejo régimen que imperó en Argentina se parecía mucho al chavismo. Afortunadamente, pudimos dar un paso atrás y corregirlo en 2015 con un resultado electoral que marcó un rumbo diferente. Yo soy peronista y fui el primero en enfrentar al kirchnerismo porque vi que de peronismo no tenía nada. El peronismo es un movimiento integrador, continentalista, que intentó el Mercosur y la unidad latinoamericana y esta gente trabajó en una dirección totalmente distinta. Siendo opositor al actual Gobierno, estoy feliz de poner ayudar desde una embajada tan importante y que habla muy bien del Ejecutivo de Macri, porque la política exterior no puede ser solo del oficialismo sino de todos”.

-¿Se concretará el anuncio hecho el jueves por el ministro de la Producción de que Argentina y la UE firmarán un acuerdo antes de final de año?
“Es un objetivo del actual gobierno. Macri lo tiene claro y Argentina, como los demás miembros del Mercosur, aportarían certidumbre en un mundo que está cargado de incertidumbre. El brexit la trajo y el triunfo de Donald Trump, para algunos también. El Mercosur es un espacio previsible, con objetivos claros, igual que la Unión Europea. Si ese entendimiento se concreta, como ocurrió entre la UE y Japón, vamos agregando certidumbre, cuando hay signos de todo lo contrario. La UE es un mercado muy importante y a su vez hay inversiones europeas que coinciden con los intereses de los cuatro países”.
-¿Los casos de corrupción por los que fueron y están siendo investigados los expresidentes de Perú, Brasil, Paraguay y Argentina, pueden terminar con los gobiernos populistas en América Latina?
“Creo que va más allá del populismo, porque la corrupción también se dio en otros países que no siguieron la senda populista. La corrupción es algo que está tratado hasta en la Biblia, pero no la impunidad. Esta última se ha dado no solo en los regímenes populistas, si bien en éstos ha sido mayor. Es un mal que afecta a muchos, incluso fuera de nuestro continente. Las democracias necesitan acompañar un proceso moralizador para consolidarse como tal y la moralización viene con la vigencia de las instituciones, la división de poderes y el no a la impunidad. Los fenómenos de corrupción siempre vienen acompañados de una dosis de impunidad”.
-¿Está a favor de una intervención armada en Venezuela?
“Soy enemigo de toda intervención armada pero creo que el tema de Venezuela se está escapando de las manos. Me sorprende que en mi propio país algunos dirigentes hablan de Nicolás Maduro como una víctima de una situación que es impresentable”.
-¿Argentina no teme un efecto dominó y, por lo tanto, una vuelta al kirchnerismo?
“Estamos distanciándonos de eso. Pero en realidad, para dejar absolutamente cerrado el tema kirchnerista, hay que esperar unos meses a que el peronismo se revise como partido republicano, democrático y federal, que lo vamos a hacer. Esta institución es la que fue usada por el kirchnerismo, porque Cristina de peronista no tiene nada, se acerca más al chavismo. Puede haber un 20% de la población que todavía puede seguir sin tener esto claro, pero dos años atrás era cerca del 50%. Hay un claro despertar en la sociedad argentina de que ese camino no se puede transitar”.
-Pero la grieta que generó en el país resulta difícil de reparar…
“Todos los gobiernos que se manejan en base a la dualidad blanco-negro, amigo-enemigo terminan fracturando. Y un país como Argentina, que es un mosaico cultural, racial, religioso y económico, lo que nunca tiene que tener son gobiernos fracturantes sino de armonización, de coincidencias mínimas, que fue lo que hizo Raúl Alfonsín con la reapertura democrática en 1983, y luego siguieron Carlos Menem y Eduardo Duhalde. A partir de 2003 hubo un giro hacia una acción muy vieja. En materia económica, el kirchnerismo no se enteró de que cayó el muro de Berlín. Y en lo político, nunca creyó en la institución del partido, por eso no hubo debate. Es más, la transversalidad que impulsó es la destrucción del partido oficialista y de los opositores para tener un partido único. Ese modelo el mundo ya lo vivió y se aleja de la democracia”.
-También anuló la justicia y la prueba más clara es la muerte del fiscal Alberto Nissman. ¿Cuál es su análisis de este caso?
“Todas las instituciones fueron hackeadas. El primer día que ocurrió el hecho era muy claro que no se trataba de un suicidio, salvo que lo demostraran y nunca lo pudieron hacer. Y ahora que se avanza en la investigación, la cosa tiene otro color”.
-Fue compañero de Mauricio Macri en la universidad y hay quienes dicen que usted fue la persona que influyó para que se iniciara en política. ¿Es cierto?
“Más que mi persona influyó mi provincia. Me visitó muchas veces y cambió su domicilio para votarme, pese a que mucha gente pensó que lo había hecho para presentarse como candidato a las elecciones por Misiones. Pero el día que decidió hacerlo se lanzó valientemente desde su distrito, Capital Federal. Mauricio tiene un gran mérito político, en diez años llegó a presidente. Nosotros somos amigos, no tenemos negocios en común y en política él estará en un lado (Cambiemos) y yo en otro (Peronismo). Los dos estamos preocupados porque a este gobierno y a la Argentina les vaya bien. Eso habla de la madurez y de la grandeza de alguien que, a diferencia del viejo régimen, acepta que se puede pensar distinto”.
-¿Se considera una víctima del kirchnerismo al ser acusado por este movimiento de trata laboral y explotación de menores en sus empresas?
“Fue una campaña de difamación, porque excepto la repercusión mediática no hay absolutamente ningún elemento de justicia. Me acusaron de haber hecho rotación de personas cuando mi empresa paga sueldos por encima de la ley y todo en blanco. Nadie esclaviza a alguien para pagarle más de lo que marca la ley. La esclavitud es un negocio y yo estoy demasiado lejos de eso. Nunca he cobrado un sueldo del Estado, salvo ahora que soy embajador, siempre lo he donado, no me jubilé como expresidente. Sin embargo, Cristina cobra dos jubilaciones de privilegio, la de ella y la de su marido. Eso sí, el desgaste mediático te lo hacen”.
-¿Nunca le tentó la idea de ser presidente?
“Fui presidente sin ser candidato y me encantaría ser presidente siendo candidato. No lo descarto, todavía soy joven”.




