Con la entrada en el invierno hemos visto en estos días la coincidencia de la Navidad, el solsticio, la Lotería y Cataluña. Espíritu y ciencia, suerte y desgracia, en oposiciones dobles para el cierre del año. En el mes de Capricornio iniciado el 21, que nos envía al fin de año, en plena crisis de la globalización, de Europa y de España. Tiempos de Navidad que deben acercarnos a la reflexión y la convivencia.
Nos ilustra Arnold Toynbee, historiador inglés (1889-1975), en su trabajo principal Estudio de la Historia, desde el campo inteligible de las civilizaciones, que define como unidades culturales dentro de un mismo conjunto de creencias básicas, donde se produce el juego de la historia. Nuestra civilización occidental, señala, está sostenida en la política con las democracias y en la economía con el industrialismo. Las civilizaciones son construcciones culturales que nacen con un fin determinado. Su crecimiento exige sucesivas respuestas creativas por parte de personas o comunidades, que ofrezcan soluciones reales a los problemas. El crecimiento implica traspasar elementos del plano material al espiritual, cuanto más se crece más espíritu debe acumular su cultura. Con ello el colapso de las civilizaciones es evitable. La evolución de la propia historia exige siempre asumir una sociedad cada vez “más compleja y diversa”. Nada inmóvil permanece en el tiempo. El “choque de civilizaciones” se produce en las diferencias de soporte político, donde no hay democracia, y de la economía, donde no hay libre mercado, o donde las sociedades civiles permanecen impasibles y engañadas, en el deterioro producido por sus sociedades políticas. Con el Islam y con China y en la era del conocimiento, tenemos fijadas las nuevas fronteras globales.
Desde la filosofía de la historia de Toynbee, podemos visualizar como movimientos desintegradores el fenómeno Trump en EE.UU., el brexit inglés y, en el patio propio, Cataluña. En los tres casos se va contra el núcleo civilizador, libre mercado con democracia. Cuando la evolución de la historia exigiría asumir un nuevo estadio, de mayor complejidad y diversidad. Contra ello se pretende levantar nuevos muros y fronteras, que incrementan los conflictos en lugar de resolverlos. Puede suceder que ninguna minoría creadora sea capaz de ofrecer soluciones, o que la evolución del problema bloquee la capacidad del mismo para regenerarse, allí donde el poder político de facto ha acabado con la democracia y el libre mercado. Derivas naturales de los populismos y nacionalismos actuales.
Señalan las encuestas que España es hoy uno de los países más proeuropeos. Lo cual debe tranquilizarnos, porque Europa es la salvaguarda natural de nuestra actual civilización. Dice Macron estos días que una Europa débil, lenta e ineficaz perecerá en la hoguera del nacionalismo. Pide una unión de seguridad y defensa. Una unión monetaria y económica. Más democracia en la Eurocámara y la Comisión. Democracia y mercado únicos para toda Europa. En el choque de civilizaciones, Europa no es posible sin una emigración importante y con el apoyo decidido a la familia para sostener su economía y sus pensiones. En España debemos primar la emigración en lengua hispana sobre cualquier otra, porque el idioma transporta valores, cultura y convivencia. Europa debe rearmarse en sus signos de identidad, donde pretenden sustituir sus raíces cristianas, soporte de su actual sensibilidad moral cívica, por el vacío del relativismo. Deseos para el año que se inicia. Soy Capricornio, nacido un 30 de diciembre, con menos confianza en el signo que guía mi horóscopo que en la razón de las cosas. Por ello europeo.



