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“El comienzo de un machista está en el hogar”

Entrevista con distintas mujeres de La Palma con motivo de la huelga feminista del 8 de marzo

“El comienzo de un machista está en el hogar, y si las madres, las abuelas, todas las mujeres no somos conscientes de esto, no habrá un cambio real”. Son las palabras de la escritora y editora palmera Elsa López, que define la histórica jornada que las mujeres están viviendo hoy como “una manifestación universal”. Pone el acento en que “esta manifestación y su significado para las mujeres trasciende de eslóganes feministas, políticos, institucionales”.

La poetisa defiende que “este es el día de las mujeres cuyo trabajo es silencioso, esas que hacen tantas cosas en la ciudad y en el campo y a las que no se les reconoce, hoy es el día para visibilizarlas, hay que visibilizarlas”. Son precisamente esas mujeres, las amas de casa y las eternas cuidadoras “las que no se sienten identificadas con el feminismo”. Razona Elsa López que “precisamente por eso, porque no se sienten identificadas con esos movimientos de los que yo he formado parte activa, por lo que se retrotraen, creen que esto no tiene que ver con ellas, pero tiene que ver con todas. Esta es una manifestación universal”, repite.

Lo cierto es que en la sociedad palmera, como en la española, hay cierta condescendencia con el machismo, que se esquiva para sobrevivirlo. Pero no hay resignación. Las tres mujeres palmeras con las que DIARIO DE AVISOS se sienta para hablar de la importancia del 8 de marzo y de su participación o no en la jornada de huelga en defensa de la igualdad, reconocen abiertamente la convivencia con el machismo en distintos estratos de su vida, pero les queda esperanza para poner en valor los cambios sociales de los que son partícipes y con los que van ganando terreno a diario para imponer una igualdad.

Ana María Rodríguez, de 63 años y madre de tres hijos, solo trabajó hasta que se casó. “Eran otros tiempos y había un control muy grande sobre las mujeres. Yo hasta que me casé apenas conocía nada, no podía ir a un baile y para ser sincera era una especie de dictadura con la que nos conformábamos porque no quedaba otra”. Sus tres años como dependienta de una farmacia terminaron con la boda, “un matrimonio feliz de 45 años en el que me dediqué a cuidar de mis hijos, de mi casa, de mi marido y luego de mis suegros, y de los mayores de la casa”.


Ese papel de cuidadora también se está imponiendo ahora en el caso de Mónica García, dependienta en un supermercado, con 45 años, divorciada y con dos hijos, y a cargo, junto con “mis hermanos varones”, del cuidado de uno de sus progenitores enfermos. Su jefa es mujer, pero reconoce abiertamente que “claro que hay machismo, se puede ver en actitudes y en formas de actuar pero eso no quiere decir que las cosas no estén cambiando”.

Montse Ferraz, personal laboral de la administración pública, casada y con una hija de 8 años, explica que “no puedo educar a mi hija como me educaron a mí. Trasmito los mismos valores de respeto, educación y cariño a la familia, pero desde la igualdad. Hay machismo y yo lo combato con diplomacia, con educación, con profesionalidad e imponiendo mi propio estilo y desde mi forma de entender la vida”.

Montse está convencida de que “la cultura es la herramienta más efectiva contra el machismo. Tengo un carácter muy tranquilo y en cuanto veo actitudes que me rechinan o con las que estoy en desacuerdo evito a esas personas”.

Ana María, a sus 63 años y durante toda una vida ama de casa sostiene que “si volviera a vivir mi vida sería, por encima de todo, libre. Hay mucho machismo, que quieren manipular a las mujeres. En mi vida he echado de menos mi libertad como mujer para decidir, para hacer y deshacer a mi antojo”. Reconoce que ahora, con la experiencia de una vida entera y como abuela de una niña de once años, “quiero que se convierta en un mujer que tome sus propias decisiones, que tenga valores y respeto y que pueda avanzar en la vida sin tener que justificarse”.

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