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El chantaje vasco

Los políticos vascos del PNV, en su mayoría, tienen cara de seminaristas estreñidos. Y son capaces de decir las mayores chorradas. Están disfrutando de una prosperidad económica enorme, gracias a sus fueros y al Estado que los mantiene, y en una aprobación de los presupuestos, vital para su propia economía, se ponen ahora con la mariconada de que el Gobierno retire el 155 en Cataluña. ¿Y a ellos qué? ¿Por si acaso? Acabada ETA, ya no hay por si acaso: que prosperen y que siga el País Vasco siendo lo que es, un paraíso. Que no cometan el mismo error que los catalanes, mucho más torpes que ellos y también más sectarios. Yo sé que al final acabarán votando las cuentas del Estado. Rajoy, que a veces parece lento, se ha inmolado por su país. Es un valiente, que merece un ducado. Ya no será candidato del PP, sino probablemente será sustituido por Núñez Feijóo, que no es que sea un relevo generacional, pero sí un relevo necesario. A no ser que le encuentren algún máster truculento, que parece que no. Los vascuences -en el colegio había uno que los llamaba “los vascongados”, término igualmente correcto porque no me lo subraya en rojo el corrector- no se deben creer la historieta de Mortadelo y Puigdemont catalana, porque han sido más serios y, sobre todo, más listos desde que desapareció la banda terrorista que los acogotaba, a ellos los primeros. Así que los vascongados no debían hacer de chantajistas, ahora que Llarena va a meter en la cárcel a todo el que se lo merezca y que la justicia está haciendo un papelón, que aplaudo, por primera vez en tiempos de democracia. Así que déjense de machangadas, apoyen las cuentas, antes de que Rajoy se cabree y bloquee los propios presupuestos autonómicos de los chicarrones. Y eso.

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