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El moro que fue al urólogo

Lo leo en los periódicos. Un marroquí, en buena posición, con esposa y nueve hijos, visitó al urólogo por un dolor en un testículo. El doctor le encarga la correspondiente analítica, le palpa la zona, detecta la anomalía física y espera a los resultados de los análisis. Cuando los tuvo en la mano, le dice a su paciente: “Usted es estéril; no podrá tener hijos”. Al moro se le pusieron los ojos como platos. “Pero, ¿cómo va a ser eso?”, le dice al galeno, naturalmente en su idioma, que debe ser el árabe, “¡si yo tengo nueve hijos!”. “Pues no son suyos”, añadió el doctor, firme como una roca; “le repito que usted es estéril”. Imaginen ustedes la cara del pobre hombre, que supongo que habrá encargado inmediatamente una prueba de ADN para estar seguro del asunto. Lo peor es que estas cosas, en el mundo árabe, son muy peligrosas para la mujer, que ha sido repudiada por el del testículo chungo y sus hijos, los nueve, abandonados por el astado, que ha dicho: “Ahí se las arreglen”. Además, ha denunciado a la pérfida esposa, a la que ha acusado de adúltera. No sabemos lo que dirán los jueces, pero nos lo imaginamos. El del testículo chimbo ha expulsado de su casa a la mujer que lo burló y el asunto en Marruecos se ha convertido en viral, con gran cachondeo del personal. Yo siempre creí que con un huevo solo se podía procrear, pero parece que en el caso del moro de marras no se trata sólo del huevo averiado, sino que hay otras causas que lo convierten en estéril. Y eso de tener los huevos claros ha molestado mucho al marroquí, no sólo por la enfermedad -lo cual ya jode- sino por los nueve churumbeles que le han endilgado, sin ser suyos. Menuda artista la señora.

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