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Proponen que Paso Alto se convierta en un Museo de la Memoria Histórica

PSOE, Sí se puede e IU presentan una moción al Pleno para que se recuerde una etapa en la que Santa Cruz fue de las más afectadas
El Castillo de Paso Alto está cedido al Ayuntamiento de Santa Cruz, no así los terrenos de acceso que son militares. / F. P.

Cinco barcos prisión, “el campo de concentración” de Fyffes o los cientos de desaparecidos y represaliados en Santa Cruz de Tenerife durante la Guerra Civil pero también a su término, son motivos más que suficientes, según defienden PSOE, Sí se puede e IU, para que la ciudad cuente con un Museo de la Memoria Histórica. Por ello, presentan un moción para que ese museo se abra en el Castillo de Paso Alto. Este espacio es el idóneo ya que, como recordó el portavoz de IU, Ramón Trujillo, proponente de la moción, fue una prisión “para personas con especial significación política”, como el propio José Carlos Schwartz, último alcalde republicano de la capital.

Trujillo ofreció algunos datos para justificar la necesidad de recordar este periodo histórico. “ETA mató a 2,1 personas por cada 100.000 habitantes; el franquismo, con las estimaciones más benévolas, alcanzó la cifra de 51 personas por cada 100.000 y si usamos datos que con toda probabilidad se acercan más a la realidad, estaríamos hablando de 150 personas por cada 100.000 habitantes, y son solo cifras de la represión en Tenerife”.

Desde el PSOE, Elena Mateo, defendió la necesidad de que exista un espacio único que sirva de “reconocimiento y recuerdo a las numerosas víctimas del franquismo”. Aprovechó para criticar la paralización que existe en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica o que no se ha hecho nada con el expediente de honores a Juan Negrín “paralizado desde diciembre de 2016”.

El portavoz de Sí se puede, Pedro Fernández Arcila, detalló que se hace necesario explicar lo que significaron los 40 años de franquismo y como esas estructuras “han calado en partidos que hoy tienen representación política en nuestras instituciones”.

En el texto de la moción que presentarán de forma conjunta los tres conjuntamente, se aportan datos de Tenerife que ahondan en lo expuesto por Trujillo en la presentación de la moción. Así, detalla el texto que, utilizando las estimaciones más bajas de víctimas mortales causadas por la dictadura franquista, “tenemos que se han identificado a 134 personas asesinadas y desaparecidas y que, asimismo, se estima que la cifra real puede superar las 400, aunque hay historiadores que apuntan a cifras mucho más altas”.

“Los datos muestran que tenemos motivos para crear un espacio de memoria democrática en Tenerife -y en Canarias- que recuerde el sufrimiento que ocasionó la dictadura y, además, sirva de antídoto contra el autoritarismo. Y, en concreto, Santa Cruz de Tenerife es un lugar particularmente apropiado, como muestra un breve repaso de nuestro pasado”, explican.

Según el texto a debate, a raíz del golpe de estado de 1936 se produjeron miles de detenciones que rápidamente saturaron la Prisión Provincial, que se hallaba en Santa Cruz de Tenerife, en la calle San Miguel. Así que se habilitó el antiguo cuartel de Caballería para albergar a más personas detenidas y también el cuartel de Paso Alto, un viejo castillo situado en uno de los extremos de la Avenida de Anaga. Este último se reservó para autoridades, militares y personas de cierta influencia social. En su interior hubo más de un centenar de personas detenidas, incomunicadas y sometidas al régimen de vejaciones y malos tratos rápidamente normalizado por los golpistas.

Asimismo, el puerto de la capital llegaría a contar con cinco barcos utilizados como prisiones. El Santa Rosa de Lima y el Santa Elena eran los mayores y daban cabida a 150 presos cada uno. El Gomera y el Adeje contaba con cien detenidos y, posteriormente, se incorporó el Porto Pi. Las condiciones de hacinamiento, falta de higiene y mala alimentación generaron casos de tifus.

Recuerda el texo que, sin embargo, el centro de detención más importante de la ciudad estaba ubicado en los almacenes de la compañía inglesa Fyffes, situados entonces en las afueras de la ciudad, en lo que hoy es la avenida de los Reyes Católicos. Fyffes repartía a las personas encarceladas en sus tres naves y llegaron a amontonarse 1.500 personas. Era un campo de concentración masificado, con pésimas condiciones higiénicas, malnutrición y en donde se generalizaron los malos tratos y se practicaba la tortura. Una parte de las personas encerradas en Fyffes fueron objeto de ejecuciones extrajudiciales.

El historiador Ramiro Rivas García señala que los datos disponibles muestran que el 45% de las personas que fueron encarceladas en Tenerife eran residentes en Santa Cruz. “La evidencia existente muestra que la ciudad jugó un papel central en la represión, tanto por la importancia de sus centros de encarcelamiento, como por la cantidad de gente represaliada que residía en la capital”.

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