
Santa Cruz de La Palma celebra hoy el 525 aniversario de su fundación. La capital palmera revive esta fecha, el Tres de Mayo, con la decoración de las cruces que trufan la ciudad y con la instalación de los divertidos e ingeniosos mayos, muñecos que recuerdan escenas y personalidades de la vida de la sociedad palmera. Una imagen que se repite en la práctica totalidad de la isla y, en especial, en las Breñas, donde la ornamentación del madero con joyas cobra una singularidad notable. Pero este aniversario de la capital, para el que el Ayuntamiento ha previsto un programa especial de actos, invita también a reflexionar sobre la naturaleza de una ciudad que se ha singularizado en el Archipiélago por su carácter abierto e ilustrado a lo largo de su más de medio milenio de historia.
Intelectuales como Juan Régulo Pérez, sobre todo en el prólogo al primer tomo de Noticias para la historia de La Palma de Juan B. Lorenzo, o el historiador Manuel de Paz Sánchez, en su obra La historia ilustrada de Santa Cruz de La Palma, han contribuido a dar forma a este relato palmesano desde el rigor histórico sobre una urbe a la que “nadie le ha regalado nunca nada”. “Todo lo que posee, su patrimonio, su orgullo, su dignidad, le pertenece propiamente, puesto que nació portuguesa y flamenca, y vivió, y vive, igual que como nació, abierta al mar y al exterior, pero sabiéndose orgullosa, limpia y recóndita, recibiendo la exuberante influencia americana pero, al mismo tiempo, recatada y contrita”, escribe en la citada obra Manuel de Paz.
Es ese carácter atlántico, que situó en esta ciudad el primer Juzgados de Indias de Canarias, que por un tiempo fue el único existente en el Archipélago para comerciar con América. Así estuvo entre 1564 y 1566, año en que se crearon las otras sedes en Tenerife y Gran Canaria. Esa trascendencia de la tradición marinera, que había desvanecido, ha resurgido los últimos años con la apertura de la playa, que se inauguró hace poco más de un año, y el curioso episodio de la campana del velero La Verdad, que ha servido para recuperar la tradición secular marina y de diseño y construcción naval que ha marcado la historia de la capital en sus momentos más notables.
Pero el mar no solo era el medio para el comercio de productos, sino también era la puerta de entrada de ideas y así encontró el movimiento ilustrado en Santa Cruz de La Palma el humus adecuado sobre el que prosperar, que llegará a su culmen con el liberalismo palmero que marcó el siglo XIX.
Pero hay un acontecimiento que está en su raíz y que, desde luego, contribuye a configurar esa imagen abierta y liberal de Santa Cruz de La Palma. Se trata del conocido como Pleito de los Regidores, por el que la batalla judicial de un comerciante de origen irlandés, Dionisio O’Daly y un abogado de Garafía, Anselmo Pérez de Brito, que dan nombre a la principal arteria de la ciudad, la calle Real, desde la llegada de la democracia a España, consiguieron remover el poder del caciquismo insular e introducir en el siglo XVIII un primer ensayo de algo parecido a la elección democrática en una Corporación española. Ahora, el Cabildo tiene proyectado realizar una gran escultura a la entrada de Santa Cruz de La Palma en memoria de los promotores de esta revuelta de la burguesía comercial frente a la oligarquía agraria, que propició que Santa Cruz de La Palma presuma ahora de ser el primer Ayuntamiento democrático de España.
Pero si hay un símbolo del liberalismo palmero es Manuel Díaz Hernández (1774-1863), conocido como el señor Díaz. Un sacerdote que “resume y representa por sí mismo toda una época en la historia de Santa Cruz de La Palma”. “La modernidad de su pensamiento, la relevancia de su acción pastoral y pedagógica, la propia leyenda de liberalismo, independencia de criterio y bondad que envolvió su existencia son algunos de los sillares sobre los que se sustenta, como el albo pilar de su estatua en la plaza de España, el símbolo democrático más noble y duradero de nuestra ciudad”, sostiene Manuel de Paz.
El historiador palmero, cuyos trabajos sobre la masonería en Canarias han permitido conocer la presencia y la acción de este movimiento en las Islas hasta su persecución y eliminación por el franquismo, defiende además que la fundación de la Real Sociedad Económica de La Palma, en 1776, constituye “la culminación del movimiento ilustrado”.
Debido a ese carácter abierto e innovador no es extraño que la capital palmera haya estado en la vanguardia de los avances tecnológicos, convirtiéndose, por ejemplo, en la primera ciudad en Canarias en disponer de energía eléctrica, en el año 1893, gracias a la iniciativa de un grupo de ciudadanos que formó la compañía eléctrica Electrón.
A esa genética ilustrada, alérgica a cualquier forma de totalitarismo, hay que achacar también la resistencia, sin que hubira derramamiento de sangre, a la toma del poder de la Isla por parte del franquismo, a diferencia de las represión y la violencia que aplicó contra los alzados y los no afectos el régimen una vez que los cañonazos del barco Canalejas contra Santa Cruz de La Palma pusieron fin a la Semana Roja.
Recuperada la democracia en España e instaurada la autonomía en Canarias, esta tradición democrática llevó a que La Palma fuera la sede del organismo que defiende los derechos de los ciudadanos frente a cualquier arbitrariedad o mal uso del poder por parte de las administraciones, el Diputado del Común, que tuvo como primer responsable a un palmero, Luis Cobiella. Un humanista que encarnaba todos esos grandes valores de los que puede hoy presumir Santa Cruz de La Palma en su 525 aniversario.




