Me dio pena, más bien vergüenza, cuando vi las portadas de los periódicos deportivos de Barcelona, acomplejados a tope, a la hora de reconocer la nueva gesta del Real Madrid. Menos mal que hay gente como Puyol, con dos dedos de frente, que en las redes sociales anima a los dirigentes culés a olvidarse de torneos menores y a recuperar la gloria europea. Las portadas de los diarios deportivos principales de la Ciudad Condal han hecho el ridículo. No han sido capaces de reconocer la gesta de un equipo que primero ganó cinco copas de Europa seguidas en blanco y negro y ahora, en la época del color, ha ganado cuatro en cinco años, tres seguidas. Y van 13. Lo del Madrid no tiene parangón, ya fue proclamado como el mejor club del siglo XX y posiblemente revalidará en este siglo esa gloria. Es pronto, claro, el siglo XXI no ha hecho más que empezar. ¿Saben cuánto vale el Real Madrid, según las consultoras? 3.900 millones de euros, más de 600 por encima del Barcelona y del United. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto como el sábado pasado, viendo cómo el equipo vestido de blanco manejó los tiempos, cómo fue el más listo de la clase y como tuvo la suerte de los campeones. Sus críticos se han tenido que tragar, una a una, sus palabras. Pobre prensa provinciana de Barcelona, que ha politizado a su club -junto a la directiva- de una manera incomprensible, faltándole el respeto a sus miles de aficionados que nada tienen que ver con el procés y esas pollabobadas. Los equipos de fútbol están para jugar al fútbol. Y a esta final lo único que le sobraron fueron algunas palabras, rectificadas luego, de la máxima estrella del Real y del mundo, Cristiano Ronaldo. Que, por cierto, se queda en el Madrid. ¡Hala, Madrid!
