Que no te digo yo que no tenga mérito ganar otra final, al revés, que el Liverpool diera su brazo a torcer en el minuto veinticinco tiene su cosa, con el incidente los ingleses encogieron los hombros y bajaron los brazos, especialmente el tal Karius. Que no, que no digo yo que durante esos primeros veinticinco minutos el Liverpool tenía pintado de rojo el césped, o que a partir de ahí, ya sin Salah, sobre el campo solo vimos a los huérfanos del goleador que iba a ponerlos contra las cuerdas. Que no te digo yo que trescientos cincuenta millones de telespectadores no conviertan ese partido en uno de los eventos con más repercusión en el planeta, ni digo eso ni creo que a lo mejor, no sé, trescientos de esos trescientos cincuenta millones tenían la tele puesta mientras hacían otras cosas más importantes. Que no digo yo que jugar contra un equipo sin portero les facilitó un poco las cosas porque, a puerta vacía, bastaba con tirar entre los tres palos, ni tampoco que solo al Madrid le pasan cosas así. Que no te digo yo que cuando en verano se juega una Copa del Mundo las ligas o la Champions quedan reducidas a meros torneos de pretemporada. Que no digo yo, y aquí no hay espacio para las insinuaciones, que si el sábado llegan a perder en Kiev habrían precipitado la caída del Gobierno de Rajoy, o que, en esa tesis, que con la gente entretenida con las celebraciones al PP le ha caído del cielo un elemento de distracción, y sobra decir que no digo yo con esto que el Madrid sea el equipo de éste o de gobiernos anteriores, o muy, muy anteriores. Que no, que no te digo yo eso que dicen algunos, esa maldad de que esta vez el Madrid no tuvo que ganarlo en el minuto noventa y ocho porque resolvió el partido en el veinticinco. Que no digo yo que Cristiano quiso compensar su inexistencia futbolística, en la noche más observada, llamando la atención como lo hacen los niños malcriados. Que no digo yo ni éstas ni otras cosas, solo las dejo ahí porque de alguna forma hay que gestionar, metabolizar o digerir la mala suerte de tener que convivir con el indiscutible reinado futbolístico europeo del Real Madrid. Que digo yo, bromas aparte, que hay que felicitar sinceramente a los merengues -joder, menudo atracón se están dando-.
