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El monumento a Franco

Cuando el poncio Juan Pablos Abril erigió el monumento a Franco, costeado por suscripción popular, yo tendría catorce años

Cuando el poncio Juan Pablos Abril erigió el monumento a Franco, costeado por suscripción popular, yo tendría catorce años. Nos llevaron del colegio para asistir a la inauguración. Es una obra de Juan de Ávalos y a mí me parece muy estética, sin que le tenga ningún apego especial. Sí me molesta que hayan lanzado pintura roja sobre el ángel victorioso porque eso es propio de gamberros. Derribar las estatuas ecuestres de Franco en toda España me pareció otra barbaridad, lo mismo que algunos aspectos de la Ley de Memoria Histórica de los tiempos de Zapatero. La historia es la historia y para bien o para mal hay que dejarla estar. Si nos empeñamos en cambiarla a fuerza de derribar monumentos, pronto nos quedaremos sin ninguno. Y lo que digo para los progres me vale para los franquistas. Dejen quieto al pasado, que unas veces fue mejor y otras peor. Yo recuerdo que los periódicos publicaban la lista de los paganinis del monumento todos los días. Había donaciones anónimas, pero casi todas aparecían con nombres y apellidos. Juan Pablos Abril, el poncio de la colecta, era un médico de Cáceres, muy pero que muy facha, que después de dejar de ser gobernador nos aburría con unos horrorosos artículos en los periódicos locales. No sé por qué lo nombraron gobernador civil de aquí, como tampoco me explico que hayan enviado a un militar llamado Quiroga de Abarca, que era aún más bruto que el propio Pablos Abril, un hombre ya mayor o al menos eso me parecía a mí. Al monumento a Franco lo que se le puede cambiar es el nombre. ¿Qué pasa si lo bautizamos como Homenaje a la Concordia y nos quedamos tan panchos? Porque a este paso lo siguiente sería derribar la Cruz de los Caídos y entonces se cargan el entorno de la plaza de España. Digo yo.