SUPERCONFIDENCIAL

El onanismo en guagua

Un conductor de las guaguas municipales de Valencia fue denunciado por una joven, y detenido, porque la pasajera vio cómo se masturbaba, al tiempo que manejaba el vehículo, supongo que con el consiguiente vaivén

Un conductor de las guaguas municipales de Valencia fue denunciado por una joven, y detenido, porque la pasajera vio cómo se masturbaba, al tiempo que manejaba el vehículo, supongo que con el consiguiente vaivén. El chófer, de 60 años, se practicaba una gallarda como si tal cosa, lo que fue advertido por la perspicaz usuaria, que dio parte a la Policía. Los agentes detuvieron al pajero y lo acusaron de vulnerar la Ley de Seguridad Vial y otras normas en vigor y el juez puso al hombre en libertad, a la espera de juicio. Este país tiene una deriva, más que peligrosa, inverosímil, pues a nadie se le ocurre, llevando en sus manos tan tremendo mastodonte -me refiero a la guagua-, practicar el onanismo, por muy necesitado que se esté del meneo. Coño, hay momentos y momentos. Menos mal que la pasajera se percató del escabroso asunto y mandó a parar -como el comandante-, porque de lo contrario el pajillero hubiera terminado con la guagua empotrada en cualquier fachada, dado el entusiasmo y algarabía que demostraba en su tarea. Yo, la verdad, nunca había leído cosa igual en toda mi vida. Desde el suceso del Cipote de Archidona, magistralmente narrado por don Camilo, ajetreo que salpicó a la gente situada tres filas adelante y tres filas atrás de aquel cine, no se tenía noticia de masturbación más clamorosa. El hombre tendrá que responder ahora de los cargos que se le imputan y ha sido suspendido cautelarmente de sus funciones (de las de conducir), a la espera de juicio. Se ve que en Valencia no existen lugares campestres como el paraje lagunero de La Gallardina, que, como su propio nombre indica, invita al onanismo bucólico y despreocupado. Qué habrá visto el hombre para jugar de esa guisa con el freno de mano.