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Qué alivio

Bueno, pues llega el verano y llega un Mundial de fútbol. No está mal. Estas circunstancias, unidas a otras que no vienen al caso, me hacen entrar en un estado de placidez

Bueno, pues llega el verano y llega un Mundial de fútbol. No está mal. Estas circunstancias, unidas a otras que no vienen al caso, me hacen entrar en un estado de placidez. Sólo me faltaba que el Real Madrid encontrara entrenador (como así ha sido) y que Cristiano Ronaldo se quede en el club. Las dos cosas conforman el culebrón del año, que empezó la misma noche en que el equipo de Florentino -y mío- ganó la decimotercera Copa de Europa, Champions, como se le llama ahora. El Mundial llega con el congreso del PP, o al revés, aún sin un candidato definido. Rajoy, puntito de tristeza, se despidió otra vez entre aplausos. Tiene que ser doloroso que a uno le roben el poder sin urnas. Y chocante que la mujer de Sánchez, Begoña Gómez, quiera cambiar la decoración de La Moncloa. Yo no lo haría, porque uno nunca sabe cuánto tiempo va a estar ahí. A Rajoy lo pusieron las urnas y lo quitaron los socialistas, independentistas vascos y catalanes, canarios, comunistas, pro-etarras y todo el filibusterismo nacional. Para Rajoy, en el fondo, también ha tenido que ser un alivio, no lo duden. Ahora le quedan 75.000 euros al año, dos escoltas fijos (o sea, que serán seis), un coche y dos secretarias. Bueno, estará mejor que yo, eso sí. Si se va al Consejo de Estado a lo mejor gana algo más. En fin, que todo está abierto, desde el Mundial al PP, pasando por la decoración de Begoña Gómez para La Moncloa. Esta chica seguro que ha visto El Ala Oeste de la Casa Blanca. Pues, cuidado, que este país y sus gentes son muy traicioneros. No sé por qué, este artículo se me ha hecho inmenso. No se acababa nunca, porque cuando mezclo todo se complica. Y he mezclado.