Avisos políticos

Dos viudas y un hijo adoptivo

El Partido Popular de Mariano Rajoy se ha caracterizado por sufrir las consecuencias de una corrupción en gran parte anterior en el tiempo, es decir, propia de una etapa previa, aunque después muy mal gestionada y peor asumida. Esta mala gestión, que le ha costado el poder, incluye también una torpeza política generalizada, rayana en ...read more →

El Partido Popular de Mariano Rajoy se ha caracterizado por sufrir las consecuencias de una corrupción en gran parte anterior en el tiempo, es decir, propia de una etapa previa, aunque después muy mal gestionada y peor asumida. Esta mala gestión, que le ha costado el poder, incluye también una torpeza política generalizada, rayana en la incompetencia. Torpeza que le llevó a diseñar un sistema de primarias para elegir a su presidente que colisiona con el principio que ha esgrimido en todos los niveles electorales: el derecho a gobernar de la lista más votada y la falta de legitimidad de los Gobiernos surgidos de los pactos de perdedores “urdidos en la oscuridad de los despachos”. Un sistema de primarias auspiciado -nada menos- que por Cristina Cifuentes e implantado por su amiga incondicional, la dimitida secretaria general del partido.

Porque la ganadora de la primera fase, la antigua vicepresidenta del Gobierno, puede ser vencida por la alianza entre Pablo Casado y María Dolores de Cospedal, la gran derrotada, si bien hemos de tener en cuenta que la orientación del voto del conjunto de los compromisarios no se corresponde exactamente con los votos directos obtenidos por cada candidato. Y que el fiasco de los presuntos ochocientos mil militantes, reducidos a menos de la décima parte, ha afectado a la distribución del número de compromisarios entre los distintos territorios.

Casado, Cospedal y el heterodoxo antiguo ministro de Asuntos Exteriores se han posicionado inequívocamente en contra de Soraya, que representa el marianismo de la tecnocracia y del no hacer nada. Además de su fracaso como responsable de la política gubernamental para Cataluña, sus enemigos la acusan de haber utilizado la inteligencia del Estado para promocionar televisivamente en La Sexta y otros medios a Podemos, en una operación que intentaba debilitar al PSOE; y a comandar operaciones de fuego amigo en los casos de los títulos académicos de Cristina Cifuentes -y ahora de Pablo Casado-, de los supuestos hurtos de la anterior presidenta madrileña, y hasta de haber disuadido de presentarse a Núñez Feijóo con la grabación de su presencia en un yate junto a un presunto narcotraficante gallego.

Casado, por su parte, es el representante del aznarismo -y de Esperanza Aguirre-, lo que supone un liberalismo conservador, teñido de un leve democristianismo, que nunca ha representado mucho en Génova. En palabras de García-Margallo (con un punto de provocación y cinismo), un hijo adoptivo y dos viudas, una de las cuales fue claramente preferida por Rajoy, que llenó el partido y sus estructuras autonómicas -sobre todo Andalucía- de enemigos de Cospedal, una mujer del aparato que siempre dio la cara por el partido y por su imagen pública.

Hace un par de jueves advertíamos que la juez del caso Cifuentes ha abierto una pieza separada sobre los títulos académicos de Pablo Casado, y ha preguntado al Congreso sobre su condición de aforado. Esto le asegura a los medios de la izquierda sectaria, liderados por La Sexta, mucho tiempo de programación. Pero ya entonces añadíamos que otro dirigente popular -candidato- imputado es más de lo que el sistema -y los españoles- podemos soportar. Y adoptar.