Según la portavoz del grupo parlamentario socialista, Dolores Corujo, los videojuegos pueden llegar a convertirse en una actividad que aísla e incomunica a los individuos; a su juicio, resulta incompatible con la sociabilización y con la saludable relación de sus usuarios con el entorno. Ojalá pueda enmarcarse la descripción de Corujo, apocalíptica, en su afán de demonizar la introducción de videojuegos competitivos en los ámbitos educativos y formativos; porque si el análisis de la portavoz fuera o fuese ajustado a la realidad, cómo no alarmarse ante la posibilidad de que un buen montón de parlamentarios, que tienen el hábito de bucear en las redes o galopar en los chats del WhatsApp durante las comisiones o plenos de la Cámara, acaben, pobres señorías, aislados e incomunicados, sin relación alguna con su entorno y alejados de cualquier posibilidad de sociabilizarse. O dramatiza a sabiendas, o le falta información o le cuesta desenvolverse en el siglo XXI. Corujo olvida que la utilidad o peligrosidad de los móviles, los videojuegos, las motos, el cortador de césped del vecino, la tele, la tostadora de la suegra o las tabletas, vienen dadas por el uso que se les dé. La tecnología obedece al uso que le demos. Y no, los videojuegos ni aíslan ni incomunican. Quienes sí saben del asunto pueden explicarle que los videojuegos articulan una comunidad de comunidades de gente con curiosidades compartidas; y no solo eso, un uso inteligente y bien dirigido abre a los chicos ventanas de oportunidad, opciones profesionales que se abrazan sí o sí a la búsqueda de talento de los motores de una industria que va a más. Creer que el demonio se esconde dentro de los videojuegos, o que los desarrolladores de Google están poseídos, recuerda algunos miedos medievales, y retrata a quienes no han preguntado lo suficiente por una realidad que nos acerca a la innovación y a que los usuarios se familiaricen con las nuevas tendencias. Si hay un contexto geográfico que debe impulsar la cultura de los nómadas digitales, del teletrabajo, es el de unas Islas que en ese terreno podemos lograr que nuestras debilidades se vuelvan fortalezas. Dramatizan gratuitamente, ni siquiera sus señorías se aíslan o dejan de sociabilizarse cuando se entretienen con sus móviles o tabletas.
La comunidad de los videojuegos
Según la portavoz del grupo parlamentario socialista, Dolores Corujo, los videojuegos pueden llegar a convertirse en una actividad que aísla e incomunica a los individuos
