después del paréntesis

Machitos

Hay una disyuntiva española que resulta llamativa: el aprecio que se le tiene a los machitos

Hay una disyuntiva española que resulta llamativa: el aprecio que se le tiene a los machitos. Así, si Aznar ganó las elecciones por mayoría absoluta fue por eso, no por ideología o porque el programa a presentar fuera llamativo en los proyectos. Ser resuelto, arrogante, altanero… se premia. De ahí que, a fuer de no hacer públicas las disfunciones, en España se cuenta con unos centenares de seguidores de un tal Mourinho, un técnico de poco más de pelo y medio y una mala persona, pero…

En tal punto nos encontramos. La Federación Española de Fútbol contrató a Julen Lopetegui para dirigir a la selección del país. Nos sorprendió que ese entrenador rescatara a un grupo perdido en el abismo, volviera a considerar valores después de algunas variantes, propusiera una columna vertebral del grupo con jugadores sublimes aunque fueran señalados en su equipo (como Isco con Zidane), se comprometiera con un juego reconocible y muchas veces estimable y que no perdieran un solo partido. Lo que algunos periodistas deportivos que se oyen no entienden es que lo que Lopetegui puso en práctica es eso que los ingleses llaman training, que no puede traducirse al español solo por entrenamiento sino por formación, instrucción, adiestramiento, enseñanza… Es decir, un trabajo conciso en el que, al tratarse el fútbol de un juego de espacio, lo que prima es disponer las piezas de tal o cual modo (según convenga y sea necesario) sobre la superficie para dominar y marcar goles.

A eso es a lo que tradicionalmente se le llama táctica. Y en la táctica importa tanto la actitud y la valía de los tuyos como lo que te vas a encontrar en frente. Tarea científica, pues, tú y el conocimiento del otro. Convengamos: Lopetegui sabía exactamente cómo le iba a jugar Rusia. Luego, con tres defensas sobraban (no cuatro), con cuatro mediocentros suficiente (no cinco) y tres delanteros (no uno). Lo que algún periodista de los dichos afirma es que la culpa fue de los jugadores. Falso. Faltó el líder, dijo un futbolista. El entrenador en ese caso es insustituible. Pero hete aquí que el dispuesto presidente actual de la Federación suspiró.

Como la libertad en este país siempre tiene precio y no es asumible que alguien abandone su puesto de trabajo por otro mejor, el machito, el dueño inefable que es, decidió: cese fulminante dos días antes de comenzar el mundial. Dos años de trabajo tirados por la borda, una de las pifias más alucinantes de la historia del fútbol mundial.

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