Yo creo en la nefanda teoría de las estrellas. Los jueces estrellas convirtieron a la justicia en un trapo sucio. Los periodistas estrellas han contribuido a que la basura de los políticos independentistas catalanes no se quede en Cataluña, sino que se exporte, dentro y fuera del resto de España. Hubo un filósofo alemán, en los tiempos de la banda terrorista Baader-Meinhof, que sostenía que la mejor arma contra el terrorismo era el silencio en los medios. Porque el terrorismo se alimenta de la propagación de sus hazañas, aunque sea para condenarlas. En todo caso, yo no veo los telediarios, ni a esos periodistas de La Sexta que se alongan con vehemencia sobre sus pupitres para defender sus teorías, sin dejar hablar a los demás. Esto se acabó. Como Fungairiño, no veo sino los documentales de la BBC. Me causan daño moral ciertos informativos que expanden las ideas que acaban con España, con la excusa de que la información está por encima de todo. No lo está. Por encima de todo tienen que primar la unidad de la patria, la bandera, las instituciones y, sobre todo, el sentido común. Tenemos un problema en España y es que hemos designado a dos memos socialistas para dirigirla; uno, hace años, en las urnas (ahora se dedica a joder a Venezuela); y otro gracias a las maniobras de su desmedida ambición. Somos un pobre país que ni siquiera sabe -con contundencia- preservar su propia integridad. Y hemos tenido que acudir al auxilio de la justicia cuando la política no ha sido capaz de estar a la altura. Hay diferencias: Rajoy (cuyo defecto ha sido su propia hombría de bien) ha renunciado a su sueldo y ha vuelto a su trabajo; el sinvergüenza de Puigdemont, un prófugo, quiere cobrar como ex presidente catalán y mantener escoltas, chofer y oficina. Ahí está la diferencia. Y la prensa, jaleando al malvado. Y nosotros pagándole a Hacienda.
Prensa culpable
Yo creo en la nefanda teoría de las estrellas. Los jueces estrellas convirtieron a la justicia en un trapo sucio
