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Sueños inquietantes

El otro día -porque ahora duermo de día, desde que se me cambió mi propia hora-, tuve un sueño inquietante sobre Nueva York; pero cuando desperté sólo recordaba turbiamente la urbe de la costa Este. No la naturaleza del sueño. No debió de ser nada agradable, pero tampoco excesivamente traumático, porque me desperté con cierta ...read more →

El otro día -porque ahora duermo de día, desde que se me cambió mi propia hora-, tuve un sueño inquietante sobre Nueva York; pero cuando desperté sólo recordaba turbiamente la urbe de la costa Este. No la naturaleza del sueño. No debió de ser nada agradable, pero tampoco excesivamente traumático, porque me desperté con cierta desazón pero también con algo de paz en el cuerpo. Últimamente sueño mucho, incluso cuando dormito a mediodía en el sillón. Se trata de sueños banales, casi sin contenido, que se me olvidan nada más despertar. Influye también lo sanguinario del cine que ponen en la televisión de madrugada, cine lleno de inquietudes y de disparos, de muertos y de misterios. Cuando me encuentro en TCM con una peli de Spencer Tracy y Katharine Hepburn, respiro, porque ellos suelen ser amables y ocurrentes y la peli siempre acaba bien. Además, rodada en blanco y negro, lo que le añade ciertos atractivos. Nosotros, la familia, está ligada al cine, pero por la vía de la improvisación, tan propia de ella. En sus años mozos, mi padre se ganaba unos duros como taquillero del cine Numancia y yo manejé un viejo y restaurado proyector OSSA para películas de 35 milímetros, que mi colegio compró para que funcionara, con mucho éxito, un cine-club. Me convertí en todo un experto. Mi maestro fue Carmelo Reyes, un técnico orotavense, al que recuerdo con mucho cariño, y cuyo hijo me llamó una vez que cité a su padre en un artículo, para darme las gracias. Pues también he soñado que se me separaban los carbones del proyector por un descuido, cesaba el haz de luz, se paraba la bobina y se quemaba la película. Nunca me ocurrió, afortunadamente, gracias a los sabios consejos de Carmelo. Los sueños se van complicando, pero la vida sigue.