
Por A.M.S.
Con la llegada de agosto y el buen tiempo, la “bomba demográfica” del noroeste de África que mira a Canarias, como anunciaba en DIARIO DE AVISOS ya en mayo de 2017 el coronel José Pardo de Santayana, experto en seguridad nacional, se convierte en una preocupación de primer orden político para el Gobierno de España. Albert Rivera (Cs) y Pablo Casado (PP) han girado visitas a Ceuta y el sur de España, con este motivo, y se ha abierto un debate nacional sobre la acogida de sin papeles.
A raíz de los graves incidentes en Ceuta, la semana pasada, en los que unos 600 inmigrantes saltaron violentamente la valla y se enfrentaron a guardias civiles, Europa comenzó ayer a dotar a España de fondos económicos para hacer frente al fenómeno. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, respondió por carta a una petición en tal sentido del presidente Pedro Sánchez. Los recursos para contrarrestar la avalancha migratoria “son, desgraciadamente, limitados”, le dice, en relación con el Fondo Fiduciario de la UE, pero, al mismo tiempo, desbloquea una partida de 55 millones de euros para atajar el conflicto en Túnez y Marruecos, principalmente, como indicó el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell. “Los fondos no son suficientes”, advirtió Borrell.
¿Por qué Canarias ha de seguir de cerca la evolución de este fenómeno? Sin duda, por las señales que lanzan algunos ministros a este respecto, como el del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que esta misma semana, el pasado lunes, avisaba desde Nuakchot, la capital de Mauritania, de su preocupación por que las mafias del tráfico de personas cambien las rutas del estrecho de Gibraltar y reabran de nuevo los pasillos del Atlántico. O sea, Canarias, adonde en 2006 arribaron 31.787 inmigrantes (según datos oficiales de Interior) en pateras y cayucos y un número considerable de personas murieron ahogadas en el intento. Marlaska no es el primero ni el único en señalar a las Islas como destino preferente de un repunte del reflujo de inmigrantes (según este ministerio, en lo que va de año los inmigrantes irregulares que llegaron a Canarias aumentaron el 300%).
“Si me preguntan cuál es mi mayor preocupación ahora, diría que es España”, enfatizó en julio Fabrice Leggeri, director de Frontex, la agencia europea para el control de fronteras y costas impulsada precisamente tras aquella crisis migratoria de las Islas. El presidente canario, Fernando Clavijo, alertó a Madrid de una eventual crisis migratoria en el Archipiélago, y, en un encuentro con Grande-Marlaska, en junio pasado, le solicitó reforzar los medios materiales y humanos del Sistema Integral de Vigilancia Exterior (SIVE) y del Frontex para “evitar la pérdida de vidas” en una nueva crisis humanitaria. Sin embargo, Interior no ha incluido hasta ahora a las Islas en el aumento de fondos aprobado con urgencia el pasado día 23, por el que se detraen 3,4 millones de euros (todavía una cifra raquítica) de las cuentas estatales para afrontar la “llegada inesperada y masiva de pateras” (como consta en la resolución de la Secretaría de Estado de Seguridad que publicó este periódico el pasado lunes). Alemania, Austria e Italia se han puesto de acuerdo para tratar de cerrar la ruta del Mediterráneo. Lo que se clausura por arriba se abre por abajo, donde estamos nosotros, los canarios, la puerta sur de España y de Europa, y una de las más cercanas al continente emisor.
Como constató este lunes la periodista de EL ESPAÑOL-DIARIO DE AVISOS Sonia Moreno, que se infiltró en las mafias de Tánger, la policía marroquí está abriendo la mano y facilitando la salida de pateras hacia Europa. Tal como ha informado este periódico, Marruecos relaja sus fronteras con España para castigar a Sánchez por su política de inmigración. Algunas medidas adoptadas por España en las fronteras de Ceuta y Melilla no han sido del agrado de Rabat. Esto ha hecho que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero se lo haya preguntado directamente este martes al rey alauí, Mohamed VI, y este le haya dado garantías de querer cooperar con España en inmigración. Aún no se ha celebrado la entrevista de Sánchez y el monarca marroquí, que en este contexto cobra singular valor.





