El sondeo del CIS coloca a Pedro Sánchez en una posición inmejorable. Esto confirma que la novedad y el éxito son muy atractivos para la recuperación del voto perdido. Por supuesto que no ocurre igual con otras formaciones políticas, en las que comienza su desgaste el mismo día en que empiezan a gobernar. Quiero decir que una política de gestos y de actitudes tiende a generar esperanza. Eso es lo que, por ahora, reflejan las encuestas. Uno de estos gestos es el anuncio de renunciar a la vía judicial para resolver el tema catalán. Más que una promesa parece una condena a la política desarrollada por su antecesor, que comienza en la noche de los tiempos cuando el PP presenta recurso de inconstitucionalidad ante la aprobación del Estatuto de Autonomía. Me parece muy bien que elija ese camino, porque el otro no ha provocado otra cosa que aumentar el odio y el enfrentamiento elevando el tono del conflicto. Estoy de acuerdo; y, además, creo que le va a ir bien electoralmente siguiendo esa política. El pero es que no depende de él. ¿Qué haría si el Gobierno independentista vuelve a declarar la independencia de forma unilateral? ¿Aplicaría solo el 155, o, además, instaría a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado para iniciar acciones legales contra los infractores de la ley? No creo que ante esa circunstancia se fuera a quedar de brazos cruzados. Se arriesgaría a que le acusaran de inmovilismo igual que hicieron con sus antecesores. ¿O es que cree que el estado de gracia le va a durar eternamente?
Reconocer esto de antemano, quiero decir, antes de que ocurra como han anunciado los soberanistas, significa que en lo referente al derecho a la autodeterminación va a dar por buenos todos los actos ilegales que se produzcan, o, al menos, los va a dejar pasar. O, lo que es lo mismo, va a considerar como inoportunas todas las actuaciones judiciales que se han producido hasta ahora por el mismo motivo. Es decir, piensa dejar al juez Llarena a los pies de los caballos. Esto que digo no es una suposición, es una deducción lógica.
Declarar como línea política de gobierno hacer todo lo contrario a lo que se ha venido haciendo hasta ahora tiene unos límites muy peligrosos. Yo no lo puedo considerar más que como un acto de propaganda que el pueblo, y sus posibles votantes, estaría dispuesto a tragarse si así lo han estudiado sus brillantes asesores. La realidad es que su escasa mayoría no le permite otra cosa que hacer declaraciones ampulosas que, llegado el caso, se verá obligado a rectificar. Pero no importa, cuando llegue el día la gente lo habrá olvidado, porque la hemeroteca andará controlada por los afines. Por eso sigo creyendo que este sondeo refleja la euforia del momento, y lo considero razonable. Ya veremos qué ocurre cuando Torra y Puigdemont pongan en marcha lo que han anunciado, cuando las iniciativas parlamentarias vayan cayendo una detrás de la otra por no tener los apoyos suficientes. La mayoría parlamentaria no se hace valer con los sondeos. Eso en la aritmética política no influye en ningún caso. Sería un milagro que, pasados unos meses, después de que se intenten poner en marcha actuaciones que fracasarán una tras otra, los encuestados sigan respondiendo lo mismo. Ya veremos. No puedes anunciar que no vas a intervenir judicialmente mientras no conozcas cuál es el quebrantamiento de la ley. Eso es dar patente de corso a la sublevación, además de una tontería.
