
No será porque no lo advertimos. Informamos la semana pasada de que los peces del estanque de la Catedral de La Laguna daban muestras de su inadaptación desde que el depósito fue repuesto (tras ser vaciado por las larvas de mosquito) con agua de abasto, con su consiguiente cloro.
Los animales boqueaban y se ladeaban, claras señales de la agonía que sufrían. Pues bien, pasó lo que nos temíamos: los peces, sin vida, amanecieron ayer flotando, y entonces el Ayuntamiento sí se dio prisa para movilizar a los operarios y que estos no dejaran ni rastro de la pequeña y triste historia veraniega.





