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Fernando, el taxista que mató a toda su familia a piquetazos en Gran Canaria: “Me pusieron de mala leche”

Cometió uno de los crímenes más horrendos de la historia reciente de Canarias y no ha regresado a la cárcel gallega donde cumplía sus últimos años de condena
Policía Nacional
Policía Nacional. / EP

Ocurrió en 1996, en Jinámar, Gran Canaria, la noche del 15 de octubre de aquel año. Un terrible asesinato conmocionó a todo el Archipiélago y se convirtió, además, en uno de los primeros casos juzgado por un tribunal con jurado en las Islas.

Fernando, taxista de profesión, llegó a casa, en Jinámar, y mantuvo, como ya venía siendo habitual, una fuerte discusión con su mujer, María Nieves. Pero esa noche algo fue diferente.

Tras el desencuentro con ella, Fernando comenzó a beber y, en algún momento, este taxista pontevedrés de 41 años transmutó en un asesino brutal que iba a cometer uno de los crímenes más horrendos de la historia reciente de la isla.

Rebuscó en el armario de las herramientas algún objeto contundente y encontró una picareta. No le importó que los dos hijos de la pareja estuvieran en el domicilio en aquel momento. Había decidido matarlos a todos.

Primero fue hacia su mujer, que estaba en la cocina, y la golpeó repetidas veces dejándola mal herida. Luego fue a por su hija Noelia, de 18 años, con la que también había discutido y que acababa de llegar de dar un paseo con su novio. También la atacó con la picareta.

Su hijo Fernando, de solo 12 años, estaba en su habitación, pero los gritos de su hermana lo habían despertado. Su padre entró en el cuarto y lo atacó brutalmente, dejándolo tendido, muerto. Luego, por algún motivo, Fernando volvió a por su mujer y su hija y las remató degollándolas con un cúter de gran tamaño.

Ya solo en el domicilio, siguió bebiendo ron hasta quedarse dormido.

Al día siguiente, más de medio día después de cometer los brutales crímenes, llamó por fin a emergencias.

En sus brazos Fernando presentaba cortes y heridas. Dijo a quienes se las curaron que había intentado suicidarse, pero que no lo había conseguido. Las autoridades no le creyeron y no se contempló este punto durante el juicio. Allí, ante el jurado, declaró: “Los maté porque me pusieron de muy mala leche y me cegué”.

El jurado popular lo condenó en 1998 a 18 años de cárcel por cada miembro de su familia asesinado: 54 años en total, de los que, por ley, no podría cumplir más de 25. Le quedaban solo 3 años para salir, pero este agosto, Fernando, que ahora tiene 63 años, no regresó tras un permiso a la prisión gallega donde cumplía su condena. Ahora las autoridades lo buscan por todo el país.

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