Han hecho piña los sociatas en torno Sánchez. Casado, a los leones; Sánchez, a los altares. La ley del embudo. Este nuestro es un país surrealista y no digamos Canarias. El otro día contaba yo cuando los concejales de la extrema izquierda lagunera, que luego se hicieron todos empresarios de derechas, enviaron al Kremlin una felicitación dirigida a Breznev, en un aniversario de la revolución bolchevique. Un amigo me llama para recordarme que también la corporación de Arona, allá en la noche de los tiempos, remitió a Reagan una contundente nota de protesta por su invasión a la isla de Granada, para remediar lo que estaba siendo una guerra civil entre sus habitantes. Aquella entusiasta soflama anti americana estaba liderada por el gran prócer Cheché Alayón, cuya trayectoria política -fue candidato al Nobel de la estupidez- transitó siempre entre el comunismo y la pesca del cangrejo en aquellos riscos de los mares del sur. Si esta es, como ya he dicho, una tierra surrealista, ¿cómo sorprendernos de que nuestro primer representante copie descaradamente el trabajo de los demás, haciéndolo suyo, y siga en el cargo? Estoy seguro de que es Begoña quien más lo ha animado a que no dimita por esa tontería. Al fin y al cabo, este es un país de pillos y son los pillos los que se dedican a la política, porque la gente más seria, o se va cuando comprueba lo que hay, o no llega nunca a ella. Mientras, los sociatas hacen piña en torno a su líder, tan chimbo como su tesis, porque saben que mientras tenga en su mano la vara mágica de los nombramientos a lo mejor les toca la lotería. Como decía José María García, de grato recuerdo en las ondas, abrazafarolas, que son unos perfectos abrazafarolas. Y eso.
La piña sociata
Han hecho piña los sociatas en torno Sánchez. Casado, a los leones; Sánchez, a los altares. La ley del embudo. Este nuestro es un país surrealista y no digamos Canarias
