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Aguachiche, el ‘Mago Pop gomero’ que burlaba a la muerte

Contra todo pronóstico, este gomero, que protagonizó un verdadero prodigio en tres ocasiones, continúa siendo un gran desconocido para la mayoría de los canarios

En la historia de Canarias existen mitos y leyendas de las que poco se habla en los libros de texto contemporáneos. Situaciones que han ocurrido de una determinada manera, pero que, con el tiempo, adoptan matices que las convierten en, si cabe, aun más misteriosas.

Pese a que también podría haber recibido el seudónimo del Houdini o Copperfield gomero, por cuestiones temporales, el conocido como Mago Pop -nombre artístico del español Antonio Díaz- de la isla del Garajonay hace mención al sorprendente caso del isleño Pedro Aguachiche. Y es que contra todo pronóstico, este gomero, que protagonizó un verdadero prodigio en tres ocasiones, continúa siendo un gran desconocido para la mayoría de los canarios.

Posiblemente, la anécdota que ha permitido conservar su memoria desde tiempos de la Conquista jamás haya ocurrido, o por lo menos, que no se desarrollara en los piadosos términos en que fue narrada. Al parecer, Aguachiche estaba encarcelado en Las Palmas, como tantos otros gomeros, por orden del sanguinario Pedro de Vera, como represalia por la muerte el 20 de noviembre de 1488 de Hernán Peraza.

La cuestión es que poco antes del anochecer Aguachiche fue sacado junto a otros ocho gomeros de la cárcel para ser ahorcados, pero la suerte se puso de su lado al desplomarse el artilugio por el peso de los ajusticiados y ser el único que salió ileso. De Vera lo devolvió al cautiverio y al amanecer lo embarcó en una carabela ordenando que fuese lanzado en alta mar, atado de pies y manos y con un peso al pescuezo.

Poco podían imaginar sus verdugos que al rato de atracar el navío también llegaría al muelle Aguachiche, que de inmediato sería llevado ante el gobernador de Gran Canaria. “Señor, veme aquí no me hagas mal por amor de Dios y de Santa Catalina que no tengo culpa”, le espetaría a De Vera, quien, irritado, lo hizo dormir en prisión y a la mañana siguiente envió de nuevo a su encuentro con la muerte. Antes llamó a su presencia a Juan de San Juan, capitán de un barco, ordenándole “que le llevase a aquel gomero y se lo echase a la mar muy afuera, a lo largo, atado de pies y manos, y mirase cómo lo ataba”. Sin embargo, el auxilio milagroso se repitió y al día siguiente Aguachiche se volvió a presentar ante De Vera proclamando nuevamente su inocencia, vivito y coleando.

El gomero cautivo pudo explicarse, afirmando que antes de ser lanzado al mar imploraba a Santa Catalina, “y estando ya en la mar viene a mí una mujer vestida de blanco y me desata y pone delante de mi dos lumbres, y el agua se aparta y vengo andando y salgo fuera como hasta aquí”. Los textos nos cuentan que esta vez Pedro de Vera creyó al gomero, perdonándole la vida, llegando a integrarse nuestro afortunado Aguachiche en las fuerzas que participaron en la conquista de Tenerife y La Palma, a ser el adelantado Fernando Alonso de Lugo testigo y parte de este último interrogatorio.

¿Ocurrió algo así? Es posible. ¿Fue algo milagroso? Es improbable. Todo apunta a que hace unos 530 años un gomero ya sabía hacer trucos de magia.

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