cartas desde londres

El hombre que entrevista a los árboles

Entre los mandamientos de la ley que creó para este colaborador lejano, Carmelo Rivero introdujo este: “No honrarás al director”. En el desarrollo de la moción el director de DIARIO DE AVISOS explica que está prohibido elogiarle por cualquier cosa que haga, a no ser que ésta provenga de actividades que no tengan que ver ...read more →

Entre los mandamientos de la ley que creó para este colaborador lejano, Carmelo Rivero introdujo este: “No honrarás al director”.

En el desarrollo de la moción el director de DIARIO DE AVISOS explica que está prohibido elogiarle por cualquier cosa que haga, a no ser que ésta provenga de actividades que no tengan que ver con el periodismo.

Él considera, así me lo dijo desde que él era un chiquillo y yo olía los efectos de la primera jubilación, que está en el oficio para aprender, así que todo lo que hace, me dijo también, forma parte de un aprendizaje que ahora ya peina canas.

Su último magisterio, sin embargo, me obliga a contravenir sus mandamientos y me lleva a hablar de su don de la oportunidad. Por ejemplo, para la oportunidad de las pesquisas que le han llevado a entrevistar a grandes de la política, de la escena y de la literatura, para improvisar preguntas, para edificar conversaciones que lo han hecho uno de los periodistas más audaces del periodismo canario y del periodismo en general.

¿De dónde le viene esa facultad? De la insatisfacción, factor clave en el ejercicio del oficio: nada está hecho, siempre falta el paso siguiente. Hay una entrevista famosa (para la radio) que le hizo a José María Aznar cuando el que fuera presidente del PP aún no había arrancado la mayoría que terminó convirtiéndole en presidente del Gobierno.

Llegó Aznar al estudio, se sentó, mientras Carmelo estaba ante el micrófono de la cadena Ser, hablando de otras cosas. Aquel hombre enjuto y distante, se frotó las manos, y el chiquillo que era entonces Carmelo hizo un ademán de saludo y siguió la emisión, hasta que le tocó entrevistar al entonces bigotudo político ambicioso.

Cumplió los requisitos de curiosidad y agudeza a que obliga el oficio, y al final le dio otra vez la mano a Aznar, y siguió la emisión con el rigor radiofónico acostumbrado.

Ahora ha dado él mismo noticia de otra hazaña, hacer que el Nobel José Saramago, sentado y solo en su casa de Tías, Lanzarote, le respondiera como si se estuviera confesando, sobre lo divino y lo humano. La conversación había quedado inédita en papel, y ahora él la ha rescatado para su periódico.

Me ha prohibido que le elogie, pero sería un lector insensato si no pongo en valor este hallazgo periodístico que coincide con el veinte aniversario de la concesión del Nobel a uno de nuestros más ilustres vecinos.

Saramago, como su abuelo, recuerda Carmelo en su entrevista, abrazaba los árboles, los amaba, hablaba con ellos. Carmelo es capaz de entrevistar a los árboles. Y Saramago es un árbol mayor de su vida en el oficio. Enhorabuena, joven compañero.