mis queridos amigos y enemigos

Paseando por el Puerto (y 2)

El Norte de Tenerife no volverá a ser lo que fue sin un hospital completo y sin el tren. El colapso de las carreteras sólo alarga la agonía de toda la comarca norteña. La regeneración de los hoteles de la ciudad turística del Puerto de la Cruz es una asignatura pendiente desde hace años

El Norte de la isla de Tenerife alarga su agonía, todo el mundo lo sabe. El abandono al que las autoridades insulares han sometido a la comarca norteña durante años se hace patente desde que Isidoro Luz Cárpenter dejó la presidencia del Cabildo y eso fue en los años sesenta.

Mientras que el Sur aumenta su pujanza, el Norte se debate entre lo que fue y ya no es, con hoteles anticuados, falta de inversiones y gobernantes mediocres (con alguna excepción), que no han sido capaces de asumir el liderazgo de la isla, como hicieron alcaldes como el propio Isidoro Luz, que lo fue del Puerto de la Cruz, y Julio Arencibia Montes de Oca, que lo fue de Icod de los Vinos. Incluso -Garachico- fue la capital de la isla.

No hay secretos. Las carreteras del Norte de Tenerife están colapsadas. Ir a Santa Cruz desde Icod, cualquier día de la semana, entre las siete y las nueve de la mañana es un verdadero tormento chico. Colas interminables en las que los ciudadanos se dejan millones y millones de euros en el combustible de sus vehículos y en horas de trabajo perdidas. No ha sido la solución el transporte público, aunque sí probablemente la sería un tren que nunca llega, porque en el Cabildo tinerfeño hay más palabras que obras. Cualquier proyecto “verbal” que acomete la corporación insular se queda en nada. Y, si no, ahí tienen al
nonato muelle del Puerto de la Cruz, que la ciudad solicitó al rey Alfonso XIII ¡en 1906! y que todavía no conoce ni la primera piedra. Carlos

Alonso, presidente del Cabildo, cada vez que visita el Puerto de la Cruz hace una promesa. Pero no la cumple. Al Consorcio para la rehabilitación de la ciudad (participado por el Ayuntamiento, el Cabildo y el Gobierno de Canarias) se le achaca falta de dinamismo. Bien es verdad que su director-gerente, Fernando Senante, ha tenido que lidiar recientemente con algunos problemas de salud, felizmente superados. Vamos a ver lo que tarda en acabarse la obra de la estación de guaguas, el centro comercial que allí se va a construir y los aparcamientos previstos en la zona. De momento, las obras han comenzado pero no se ve demasiada actividad en ellas.

Hay otras obras que se eternizan en el Puerto de la Cruz. La ampliación del Jardín Botánico de Aclimatación, la instalación fundada por el marqués de Villanueva del Prado, ha quedado paralizada desde hace años. El proyecto del nuevo edificio de visitantes, precioso, original del antiguo despacho de arquitectos Pastrana-Artengo-Menis, se ha ido al garete. El Instituto Canario de Investigaciones Agrarias, propiedad del Gobierno de Canarias, ni siquiera sé si ahora existe. Y si existe no hace nada. El Instituto es el propietario del jardín y el responsable de su ampliación. La obra, que ha costado varios millones de euros, sigue parada. Una auténtica pena y un auténtico despropósito. Y me da que se investiga poco en el Jardín Botánico y que sus técnicos demuestran escaso entusiasmo en la divulgación de su contenido. No hay nada peor que un técnico se convierta en un mero funcionario.

El Puerto tiene un auténtico problema de aparcamientos en el centro urbano. No existe ni una sola plaza de garaje disponible y menos habrá si finalmente se acometen las obras del muelle y del parque marítimo, junto al muelle pesquero, en cuyo solar se estacionan ahora miles de coches cada día. El proyecto que para el casco antiguo del Puerto diseñó la arquitecta María Luisa Cerrillos se ha desechado y el Consorcio sí ha adquirido algunos edificios y ha restaurado otros, como el castillo de San Felipe. También ha comprado recientemente un bello inmueble de finales del XVII, que era propiedad del Obispado, en la calle Zamora. Se va a restaurar y a dedicar a actividades culturales.

El Norte no tiene atractivos para el turismo. Uno de los únicos que posee es privado y se llama Loro Parque. Un zoo construido con inteligencia y mucha paciencia por el alemán de insufrible carácter Wolfgang Kiessling, todo un entrañable déspota. Pero ha sabido construir un imperio entre este parque y el Siam Mall, en el Sur de Tenerife. Ambos constituyen una buena parte del ocio de la isla. En Gran Canaria parece que sus proyectos están encontrando algunas dificultades, que ojalá supere. Porque lo que hace Kiessling hay que reconocer que lo hace bien.

Hospital comarcal

El Norte tampoco volverá a ser lo que fue, el motor de la isla, sin un hospital público completo. El que se construyó en Icod funciona, pero es preciso que se convierta en un hospital comarcal con todas las especialidades, quirófanos y la dotación propia de un centro hospitalario pleno. Su construcción se demoró años y años, los mismos años que ahora se demora su pleno funcionamiento. Hay que tener en cuenta que un año de funcionamiento de un hospital cuesta tanto como su construcción. Pero se tira el dinero en otras cosas y no se atiende adecuadamente la salud de los ciudadanos, muy mal educados sanitariamente por falta de alguien que explique al usuario qué debe hacer, en una labor de divulgación y concienciación sanitaria y de racionalización de los recursos que se hace esperar.

El mejor ejemplo para demostrar que si se quiere se puede está en la remodelación del viejo edificio Bellavista, de apartamentos, situado en La Paz, en lo alto de un acantilado con unas vistas espectaculares sobre el Puerto de la Cruz. El inmueble lo han adquirido la familia Marichal, Martín García Garzón (Montesano) y Francisco Gómez (Pida), los dos últimos conocidos y apreciados importadores de carne. Lo han remodelado y lo han convertido en un establecimiento precioso, de cuatro estrellas, rebautizándolo como hotel Mirage e incluyendo en él un famoso restaurante, el Cumai, regentado por el gran chef Curro y por su esposa María. Será un éxito. El restaurante acaba de abrir sus puertas.

Actuaciones como esta son las que le hacen falta al Puerto de la Cruz. El Consorcio tiene un proyecto muy interesante para el hotel San Telmo, situado en el paseo del mismo nombre, recientemente remodelado (el paseo) por el Cabildo de Tenerife, pero hay una dificultad: el hotel pertenece a dos dueños, que no se llevan demasiado bien. Uno quiere aprovechar el proyecto y el otro parece que no. Una pena, porque podría ser el comienzo de una nueva etapa de un hotel situado en un lugar de privilegio, frente al Boquete portuense.

Es desde la regeneración de los hoteles, la limpieza pública -que todavía deja mucho que desear- y el arreglo y embellecimiento de los jardines desde donde el Puerto de la Cruz recuperaría su fuerza. No me olvido de la transformación del comercio, donde ahora no se venden sino perfumes, loros de fieltro e imanes para neveras. Quincalla. Con sus honrosas excepciones. Hace falta un comercio elegante para que suba el nivel del consumidor, que vendría desde cualquier parte del mundo. Es preciso ir pensando en incentivos y facilidades para la apertura de comercios y olvidarse de las tradicionales pegas de un Ayuntamiento que hasta sufrió un concejal de Urbanismo, en época socialista, que ponía tantas pegas para todo que durante su mandato no se construyó ni un solo edificio. Ponía dificultades hasta para el arreglo de un tejado. Cosa de magos peludos. ¿Para qué dar nombres si esto pertenece al pasado?

Es una pena que el colapso de las carreteras de la isla sólo alargue la agonía del Norte. Y es preciso que surja un líder que ponga el grito en el cielo de la agonía de la ciudad y de la comarca que capitanea. Y parece necesario que se intente captar la iniciativa privada que construya el muelle comercial y pesquero proyectado, debatido y no comenzado.

No me olvido de un edificio emblemático, que albergó a huéspedes ilustres de todo el mundo, el hotel Taoro. A algún descerebrado se le ocurrió que el casino de juego, propiedad del Cabildo, estaría mejor ubicado en el Lago de Martiánez (sin un solo aparcamiento) que en el viejo edificio del Taoro, donde funcionaba medianamente bien. El cambio constituyó un rotundo fracaso y el casino cayó; y ya no existe sino una sala de juegos automáticos, no demasiado frecuentada.
El hotel Taoro, como he dicho, es propiedad del Cabildo, lo mismo que gran parte del parque natural de Montaña Miseria, un lugar paradisiaco, en el que existen docenas de chalés de lujo, algunos abandonados, otros no, propiedad casi todos ellos de familias acomodadas del Valle de la Orotava y de súbditos extranjeros, desde hace generaciones.

Los actuales gobernantes portuenses han creado un nuevo eslogan: Puerto de la Cruz, parte de ti. Nos parece acertado. Se ha colocado en lugares estratégicos de la ciudad, intentando acercar la gestión municipal al ciudadano y concienciarlo para que respete el entorno y colabore. Como buena localidad costera y pescadora -lo decía siempre el acalde Marcos Brito, que gobernó la ciudad en varios periodos- el Puerto conserva una picardía natural y una cierta maledicencia de sus habitantes. Pero, sin duda, los portuenses quieren a su ciudad, incluso muchas veces de una manera equivocada: el muro del antiguo paseo de San Telmo, donde la gente sencillamente iba a mear, costó un triunfo derribarlo. Tuvo que intervenir la autoridad judicial para que el Cabildo pudiera remodelar y ampliar el paseo, uno de los más transitados de España. Decían algunos portuenses que el muro era histórico, pero no era sino un mierdero.

Es un esbozo de lo que ocurre y de lo que necesita el Norte. Lo hago con el sano propósito de que aparezca un líder y de que las cosas se arreglen. Se echa de menos el tren, que aliviaría el tráfico notablemente. Se echa de menos una mejor atención sanitaria. Se echan de menos servicios básicos que contribuyan al bienestar de los ciudadanos de la comarca que un día dio de comer a la isla entera. Y se echa de menos la remodelación de los establecimientos turísticos que se están cayendo de viejos.

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