
Yo nací el año 54 en la clínica Bañares. Fue mi abuelo quien atendió a mi madre. Mi abuelo pasó los últimos años de su vida ejerciendo como cirujano en Tenerife. Su clínica de La Palma era una maravilla racionalista, diseñada por Néstor Martín Fernández de la Torre, el mismo arquitecto del Real Casino de Tenerife”. Miguel Cabrera Pérez-Camacho preside ahora ese Casino, qué casualidad. Ya se sabe que los tíos en bermudas, aunque sean policías, no se le cuelan en el edificio. Ahí se respetan las formas. “Y yo, como socio del Casino, te felicito, Miguel”, le digo.
Estamos, cómo no, en Los Limoneros. Él dando cuenta de un steak tartar, yo de un salmón a la plancha. Miguel no nació en La Palma, como todo el mundo cree, sino, como ya he dicho, en la clínica Bañares de Santa Cruz. Año 1954. Abogado, inspector de Finanzas del Estado, inspector de los Servicios del Ministerio de Hacienda –dos oposiciones muy difíciles de las que ahora está en excedencia- y profesor titular de la Facultad de Derecho lagunera. “Y tus alumnos te adoran”. “Bueno, tengo esa suerte y también la suerte de que la docencia me encanta”.
“Tenemos que hablar algo de política, pero ya sabes que me interesa más la faceta humana en estos diálogos”. Cuando se refiere a su padre, Miguel se emociona. Era abogado y llevaba asuntos de bancos en los tribunales. “Siempre quiso que opositara y lo hice, porque yo me pasé toda la carrera de Derecho ayudándole en el despacho y quise quedarme, pero él se opuso, y me mandó a Madrid a opositar”. El abuelo materno de Miguel Cabrera, el doctor Pérez-Camacho, cuando alguien habló de construir un psiquiátrico en la isla de La Palma, dijo: “No se molesten; es más barato vallar la isla entera y construirle un techo”. Esa frase hizo fortuna y Miguel se parte de risa cuando se la recuerdo.
“Quiero decirte, para acallar unos cuantos rumores, que ni yo le he pedido al partido ir al Ayuntamiento de Santa Cruz en las próximas elecciones municipales de mayo, ni el partido -el PP- me lo ha ofrecido”. “Vaya espectáculo que se está dando en la política española, ¿no crees, Miguel?”. “Nunca había visto un Congreso tan mezquino desde la promulgación de la Ley de Reforma Política. Y en cuanto al país, Sánchez y sus asesores en tributos nos van a hacer ricos a los despachos fiscales; la presión es brutal hacia el ciudadano, hacia las familias y hacia los empresarios. Y lo que se nos viene encima. Las economías de los españoles no lo van a resistir. Yo recomiendo que se recurra todo, porque el ciudadano no debe quedar indefenso ante esos abusos”.
Elecciones
Me comenta: “Si en mayo se celebran las cinco elecciones: europeas, legislativas, autonómicas, insulares y municipales, para Coalición Canaria sería una fecha negra en la historia. En realidad, CC ya no existe en la mayoría de las islas. Y en cuanto al PSOE, Ángel Torres es un buen chico, pero no arrastra. Juan Fernando (López Aguilar) tenía un mayor peso, pero sus propias formas generaban antipatía cuando hablaba”. Este es el análisis que hace Miguel Cabrera de la situación política local. Habla poco de Ciudadanos y de Podemos. En realidad, él nunca perteneció a CC, como se cree. “No, yo estaba en ATI, que es algo muy distinto, antes de irme al PP. En el 89 presenté la famosa ley de defensa de los animales que mi partido no apoyó. Luego Olarte se aprovechó de ella y de las 28.000 personas que apoyaron la iniciativa popular para prohibir las corridas de toros, que es verdad que hacía mucho tiempo que no se celebraban en Canarias. No pudimos meter en ella las peleas de gallos. Pacté con Olarte lo de los gallos, prohibiendo la entrada a menores, renunciando las galleras a subvenciones públicas y no pudiendo celebrarse esos lamentables espectáculos en lugares propiedad de entidades oficiales. Me admitieron mi exposición de motivos enterita, pero algunos me pusieron a caer de un burro”.
Ahora dice Miguel que hay dos asuntos importantes que es preciso lograr: la prohibición total de las peleas de gallos, impropias de un pueblo civilizado, y eliminar la eutanasia a los animales abandonados. La ley está en el Parlamento de Canarias, medio parada. Él tiene siete perros recogidos en el albergue, a los que quiere con locura.

“Tú tienes experiencias increíbles con animales. Cuéntame alguna”, le pido. “Bueno, una vez me enteré de que seis caballos se estaban muriendo de hambre y los llevé a mi finca. Murieron de viejos, pero gordos. Y otra vez casi me mata un toro que había alimentado yo mismo, con mis manos, incluso con raciones diarias de pan fresco”. “Cuéntame eso”. “Pues me llama la Protectora de Animales para decirme que ha localizado tres toros en muy mal estado, que se iban a morir. Le dije que los llevaran a mi finca de Guamasa. Después de un año de yo echarles personalmente de comer, cada día, uno de ellos me atacó, caí de espaldas, perdí el conocimiento y cuando lo recuperé tenía al toro encima con los cuernos pegados a mis costillas. La suerte fue que, aturdido, acerté a empuñar una vieja antena de televisión que estaba en el suelo y le di con todas mis fuerzas en la cabeza, entonces se echó para atrás, me levanté con dificultad y pude alcanzar una estrecha escalera por la que el animal no podía subir. Casi me mata”. “¿Y qué hiciste con los toros?”. “Los mandé a una gañanía”.
Su vida está llena de aventuras. Su hermano mayor, Antonio, médico, fallecido recientemente, protagonizó el tercer milagro de San Martín de Porres. Se había caído en Garachico y cuando estaba en el suelo un bloque le cayó encima de una pierna, que se gangrenó. Los médicos se la iban a cortar al día siguiente. Ni el doctor Miguel López ni los doctores Ángel y Raúl Capote vieron otra solución que la amputación. “La noche anterior a la operación, un familiar le dio a mi madre una estampa con la reliquia de Fray Escoba, que aún no era santo. Mi madre se la colocó en la pierna a Antoñito. Y al día siguiente, mi padre notó que la pierna del niño ya no estaba fría, sino que había alcanzado la temperatura corporal normal. Llamó a Miguel López, que no le creyó, pero cuando lo bajaron a quirófano para intervenirlo (siempre si mi padre lo autorizara) hicieron una incisión en el pie y fluyó sangre normal. ¡Se había curado! Los médicos certificaron que la Medicina ignoraba las causas de esa curación. Vino el abogado del diablo del Vaticano con dos o tres ayudantes a interrogar a los médicos y a la familia, que no podían contarse unos a otros lo que habían declarado, bajo riesgo de excomunión. Ni siquiera mis padres podían hablar entre ellos del asunto”.
“¿Y qué pasó entonces. Miguel?”, le insisto. Se vuelve a emocionar. “Estábamos un día comiendo en casa y la señora que nos crio a todos se acerca a la mesa y le dice a mi padre: don Antonio, lo llaman del Obispado y parece que es urgente. Fuimos a La Laguna, a ver a don Domingo Pérez Cáceres, que era el prelado nivariense. Nos entraron en la estancia de trabajo del obispo, que se arrodilló y besó la pierna izquierda de mi hermano Antonio, que había entrado como un brazo de mar por aquel despacho. Esto ocurría siete años después de su curación. Entonces nos leyó un telegrama: el papa Juan XXIII había decidido que se había producido un milagro, visto los informes concluyentes de la Congregación del Santo Oficio”.
“¿Es verdad que has estado varias veces más al borde de la muerte?”. “Sí, he sido un hombre de suerte. Dos accidentes de moto, graves, a los 17 y a los 37 años. En este último me rompí los dos brazos, en la curva de San Benito. En el primero volé por encima de un Volkswagen escarabajo, pero escapé bien. Y en Los Roques (Venezuela) estuve a punto de ahogarme porque la corriente me alejaba de la playa y ya me encontraba exhausto y solo. Una lancha de pescadores, uno de cuyos tripulantes me sacó primero un bate de béisbol, por si era un ladrón, se acercó entonces a mí porque yo pedía socorro; al cerciorarse de que me estaba ahogando, me remolcó hacia la playa. Digo que me remolcó porque no me dejaron subir a bordo, por si acaso. Volví a nacer. Le debo la vida a aquellos dos hombres desconfiados. Eso fue allá por el 92 o el 93”.
“Pareces tocado por Fray Escoba tú también”, le digo. “Fuimos al Vaticano, cuando su canonización. Me impresionó el papa Juan XXIII, que ya tenía el aura de santidad que se le supone a los elegidos. Fue una ceremonia muy emocionante, con mi hermano Antonio de gran protagonista. Había sufrido el accidente en 1955 y me parece que fue en el 61 cuando se declaró oficialmente el tercer milagro”. “Sería un gran creyente después”, apunto. “No, no, no creas, él sólo se fiaba de San Martín de Porres”.
“Miguel, por lo que veo no echas de menos la política”. Fue diputado al Congreso y diputado al Parlamento de Canarias. En este último, el único miembro de la Cámara que renunció a su sueldo a favor de una institución de caridad. “Y eres un hombre muy familiar”. “Tengo la suerte de haber tenido unos padres extraordinarios, de haberme casado con una mujer magnífica, Mari, y de nuestros cuatro hijos y tres nietos, a los que adoro. Nuestros hijos son tres chicas y un chico, todos abogados. Y entre mi familia no olvido a mis siete perros, que, de verdad, son una bendición”.
Sacó la oposición de inspector de Finanzas del Estado en tres años. Y, siendo diputado al Congreso, otra más difícil, la de inspector de los Servicios del Ministerio de Hacienda. Luego, la universidad, primero como asociado, luego como titular. Estuvo legislatura y media en el Congreso y tres en el Parlamento de Canarias. “Mira, el más grave error que ha cometido el PSOE desde las primeras elecciones democráticas ha sido la Ley de Memoria Histórica, que ha dado lugar a que reaparezcan los odios que habíamos enterrado desde el año 39. Si aplicáramos los fundamentos de esa ley tendríamos que acudir a las guerras carlistas y a la de Marruecos, entre otras. Han resucitado el rencor y se han cargado la fraternidad que reinaba en España y eso ha dado lugar a que impresentables políticos se preocupen más de historias para olvidar la realidad del país, que es grave, sobre todo lo de Cataluña”.
Cataluña y España
“¿Y tú qué harías en Cataluña?”. “Pues actuar con energía, como actuó la República en el 34. Y aquí tengo que hacer un aparte para agradecer a jueces y fiscales su labor, aplicando el derecho, y aprovechar también para criticar la pasividad de Rajoy por no haber aprovechado sus mayorías absolutas para atajar el problema. Si se forma un Gobierno de coalición entre Casado y Rivera, ambos tienen que arbitrar medidas para dejar claro a los independentistas que la unidad territorial de España es irrenunciable”.
Cada día se retira a su finca de Guamasa a dormir la siesta, a echar de comer a los perros y a trabajar por las tardes, invierno y verano. Por la mañana, largas horas de despacho en Santa Cruz. A mediodía, al Real Casino, que preside con gran dedicación. Miguel es un hombre cordial, amigo de sus amigos. Yo diría que un hombre sensible, amante de las cosas bien hechas. No digo yo que no tenga enemigos, pero él les puede. Siempre me sorprende su humanidad, pero tras la larga conversación en Los Limoneros, mucho más.
No olvido que también se recorrió media isla para rescatar a una burrita, Dominga, a la que maltrataba con saña un mago de mierda. Se la compró por 2.000 pesetas y la metió también en la finca. Genio y figura.





