El charco hondo

¿De qué se ríen? (1)

Mendoza, el abogado, intenta tranquilizarlo diciéndole que las cosas se han hecho lo mejor posible, a lo que Nemo Bandeira, críptico sin saberlo, le responde, a ver, a veces pienso que las cosas están mejorando muy mal

Mendoza, el abogado, intenta tranquilizarlo diciéndole que las cosas se han hecho lo mejor posible, a lo que Nemo Bandeira, críptico sin saberlo, le responde, a ver, a veces pienso que las cosas están mejorando muy mal. Y así es como está la política española, mejorando muy mal, a peor, pagando las consecuencias de tener en primera línea a dirigentes de octava fila, sin líderes, huérfana de estadistas, guionizada por marketinianos que no tienen un proyecto-país sino un proyecto-cliente, gestionada por equipos instalados en lo fácil, en lo intestinal, comida rápida, deprisa, correr, deprisa. El fracaso de los partidos de siempre, con PP y PSOE en papeles estelares, ha conseguido que el neofranquismo suba a escena, y a más, y a peor. Los latigazos económicos de Bruselas, el descrédito generalizado de las instituciones, un incremento feroz de las desigualdades, la falta de oportunidades, la banderización del espectáculo informativo, el tacticismo en Cataluña y la existencia que Pablo Casado ha regalado más voluntaria que involuntariamente a la ultraderecha, han dado a luz a Vox. Ha ocurrido en Andalucía, sí, pero flaco favor se hacen quienes, en un infantil afán de quitar hierro al hierro, regionalizan un desgaste generalizado del sistema. No hacía falta ser adivino para verlo venir. En la primera quincena de octubre escribí, aquí, en este charco hondo, a propósito de Vox, que cuatro gatos son solo cuatro gatos, a menos claro, que se amontonen ejemplos de cómo en otros países cuatro gatos, que no conciben ciudadanos sino ratones, se multiplican fácilmente y no tardan en construir ratoneras. También en aquella quincena, a raíz de comentarios tachándome de alarmista, escribí, aquí, Llámame exagerado, y dije, y tristemente los meses no me quitaron la razón, que Vox contaminaría a las otras derechas, escorándolas, sembrando un contexto que ha desembocado en la noche electoral andaluza, horas que han precedido a otras tantas horas y días en los que las derechas han recibido con la sonrisa de oreja a oreja, eufóricos, y aludiendo a cambio, esperanza y regeneración, el debut parlamentario de quienes, entre otras sutilezas, simpatizan con Le Pen, Orbán o Salvini, estigmatizan a los distintos, combaten la multiculturalidad, defienden un modelo de Estado franquista o ridiculizan los movimientos feministas. ¿De qué se ríen las derechas?