Sociedad

“En las Islas hay indicadores del cambio climático a puñados: Canarias tendrá un clima tropical pasado mañana”

Joaquín Araujo, naturalista y divulgador, lleva 50 años hablando de ecologismo a los españoles, una labor que ha sido reconocida, entre otros muchos galardones, con el premio Global 500 de la ONU

Joaquín Araujo. FRAN PALLERO

Lleva 50 años redondos hablando de ecologismo a los españoles, una labor que ha sido reconocida, entre otros muchos galardones, con el premio Global 500 de la ONU, también conocido como el Nobel medioambiental. Biólogo y agricultor, es autor de numerosos libros y colaborador habitual en los medios de comunicación. En su largo historial figuran hitos como la publicación, con Félix Rodríguez de la Fuente, de la Enciclopedia Salvat de la fauna ibérica y europea, pero también ha trabajado con otros ilustres como Antonio Mingote o Forges. Joaquín Araujo (Madrid, 1947) vuelve a Tenerife con motivo de las jornadas La aventura de comprender. Comunicación y colaboración, celebradas esta semana en el TEA, de la mano de Alejandro Togores.

-¿Por qué optó por dedicarse a la divulgación?

“Porque tengo un buen amigo en este mundo, que es la fortuna o el destino. En realidad, hay que tener ciertas destrezas intelectuales, pero también algo de suerte. Que te dejen ganarte así la vida desde hace 50 años… Además, me gusta reivindicar estas bodas de oro. Fue en 1968 cuando empecé en el activismo ecológico y, tres meses después, ya estaba en el periodismo de divulgación científica. He tenido suerte, no solo de haberlo estado haciendo ininterrumpidamente estos 50 años, sino también de haber escogido el tema más fascinante y más dramático, porque es así, pasas de la delicia al tormento… Que te apasione la naturaleza casi siempre va acompañado de la necesidad de contarlo. Es verdad que a mí me apasiona casi todo, que es otra forma de ser apasionado en la vida, pero es que además me gusta mucho la comunicación, todos los tipos de lenguaje, incluyendo los que nadie quiere escuchar, que son los de la naturaleza”.

-¿Han sido 50 años hablando de ética ecológica?

“Sí. Es inseparable. Si te enamoras de lo que está siendo destruido, inmediatamente empiezas a urdir todo tipo de argumentaciones y comportamientos propios que intentas inculcar a los demás. En mi caso, intentas saber no solo desde el plano teórico, que por supuesto hay que tenerlo también y soy un lector empedernido, sino que también he procurado vivir. He pasado algo más de la mitad de mis días en plena naturaleza, pero de pasar el día entero sin ver a otro ser humano. Esa vivencia en la naturaleza te obliga a un grado mayor de autenticidad. Se podría decir que todo lo que llamamos ética ecológica es la preferencia por lo auténtico frente a lo falseado, a esa capacidad que tiene la civilización, el ser humano, de sustituir algo que es real y funcional por un sucedáneo. La civilización es una permanente falsificadora de la realidad”.

-¿No se debe a la escasez de recursos?

“Es un tema muy importante. Hay que entender el privilegio de los dioses (dicho sea en tono humorístico) que te conceden. A mí, por ejemplo, me han concedido vivir en un bosque. Que mi hogar sea uno de los más vivos, de los paisajes más bellos que se pueden contemplar en la Península Ibérica, le pasa a muy poca gente, está claro, pero también es un clavo que, aunque esté ardiendo, hay que sujetarse, y que emana de la cultura rural. Nos pongamos como nos pongamos, si tienes interés por algo… El dicho popular es que lo que un hombre hace, otro puede hacerlo”.

-En la España de 1968, ¿qué concienciación ecológica había?

“Ahí empieza todo. El año 1968 es especial, con la erupción social… Ese año confluye una de las formas de desobediencia más hermosas que han habido en los últimos dos siglos, con un desencanto generalizado en una sociedad que prácticamente estaba condenada a una artificialidad absoluta. El ecologismo, en mi opinión, tiene tres patas, Es querer vivir más cerca de la vida, es una suerte de revitalización del humanismo progresista, y es ser progresista entre los progresistas. De hecho, estaba en el movimiento estudiantil en la Universidad de Madrid, con la creación de los primeros sindicatos libres y de oposición a la dictadura. Del debate de lo que había que hacer, del pensamiento de izquierdas, surge como lo más evidente esa contradicción absoluta que hay entre el capitalismo salvaje y la vida del planeta. Por otro lado, está la vinculación con el movimiento hippie, que, a su vez, está vinculado con el pacifismo, y que a su vez lo está con un anarquismo relativamente bien entendido. Todo eso se da la mano en el 68, y de ahí surgió también el ecologismo”.

-Pero ¿tenía eco entonces el mensaje ecologista?

“Poco, la verdad. Claro que en España, entonces, solo había tres organizaciones, mientras que en 1978 había 800. [Sonríe] Es un crecimiento notable que, además, tiene una trastienda en los medios de comunicación porque personajes como David Attenborough, Desmond Morris, Jacques Cousteau o Félix Rodríguez de la Fuente se convirtieron en fenómenos sociales, y eso ayudó mucho a que haya más gente, primero fascinada, luego interesada y que finalmente echa una mano”.

-¿Y ahora?

“Ahora mismo se puede decir que te tropiezas con los temas ambientales absolutamente en todas las esquinas”.

-Sin embargo, ¿no es obvio que estamos peor desde la perspectiva ecologista?

“Sí. La situación actual es delirante, una tragicomedia prácticamente. Es para partirse de risa del cinismo, de la hipocresía, de la absoluta torpeza de los gobiernos, que parecen unos tontos de remate porque lo tienen ahí, tienen los informes científicos, las tecnologías a su disposición, pero nada. Destrozan la más elemental coherencia y lógica”.

-Eso que llama torpeza, ¿no será mala intención y cortoplacismo?

“Por supuesto, pero hay que llamarle tontería, por decirle algo. Que no nos vengan a decir que nos están prestando un servicio público de primera categoría cuando están cargándose la naturaleza. Es verdad que el medio ambiente ha encontrado un lugar en el corazón de las masas. Y en el otro extremo están los datos, los fríos datos de los ecólogos, del Panel Internacional del Clima, de los observatorios para la sostenibilidad. Y esos datos son absolutamente demoledores. Por ejemplo, la semana pasada se publicó el dato de la contaminación en 2017, y resulta que dos años después de la firma del Convenio de París vemos que la humanidad, en vez de haber reducido al menos unas décimas, ha incrementado un 2% la contaminación. Y tal como vamos, en 2018 va a seguir creciendo. Es absolutamente demoledor”.

-Hablando de datos, ¿estamos a tiempo de revertir lo que se nos avecina?

“Aplicando una mediana sensatez, nadie lo sabe. Ni los especuladores ni los adivinos ni los científicos, y mucho menos los políticos, pero a mí me gusta, porque este tema sale con frecuencia, decir que sí estamos a tiempo, pero que somos la especie más amenazada ahora mismo en el planeta”.

-Los canarios vemos cómo nuestro clima subtropical está mutando, es distinto.

“En Canarias hay indicadores del cambio climático a puñados, y sobre todo en la fauna marina. Canarias es subtropical, pero será tropical pasado mañana. Cualquier biólogo marino te lo dice. Los naturalistas tenemos esa doble faceta: disfrutamos observando y estudiando la naturaleza, y al mismo tiempo vemos cómo la naturaleza nos está lanzando gritos de auxilio por todos lados y de forma permanente. Los árboles y las mariposas, los pájaros y las ballenas nos están gritando: ¡ojo que la estáis liando! Porque el cambio climático es el cambio de las reglas básicas del juego. Para poner una metáfora popular, esto es como jugar al fútbol sin campo. El terreno de juego de la vida es el clima”.

-¿No le resulta paradójico que los canarios no reaccionemos con mayor fuerza, cuando la naturaleza es nuestro principal modo de vida a través del turismo?

“Sí. Canarias es un lugar bendecido en la historia del planeta. Tiene las condiciones para ser autosuficiente, y debería ser un modelo perfecto de vivir en armonía con la naturaleza”.

-Y, sin embargo, en una isla como Tenerife se vierten millones de litros de agua sin depurar al mar…

“Cada segundo se vierten al océano del planeta (que es uno solo) 31 toneladas de contaminantes. Es tremendo. ¡Cada segundo!”.

-¿No se desmoraliza?

“Bueno… También hay que tener en cuenta que los sistemas naturales tienen una capacidad de regeneración espectacular. Cuando empiezas a tratarlos bien, y los sistemas acuáticos son un buen ejemplo, mejoran mucho. Eso pasa en los ríos, que en cuatro o cinco años se ponen espléndidos, como son los casos, bien conocidos, de la ría de Bilbao, del Támesis y del Sena. Es cierto que el mar está lleno de plásticos, y le pongo el ejemplo de que el 78% de los peces tienen microplásticos en su interior. Vamos, que cuando nos comemos un pescado viene con el envoltorio puesto y por dentro [sonríe amargamente]”.

-Eso también pasa en tierra, porque una vez se analizó la sangre de los eurodiputados y todos tenían rastros de pesticidas…

“Sí, sí. Todas las formas de contaminación empiezan en un desconocimiento, en una ignorancia básica de los seres humanos, y acaba, precisamente, en el cuerpo de los seres humanos. Es una buena definición de contaminación. Cuando tiras al mar desde la bolsa de plástico al cadmio, el mercurio y demás, que sepas que eso va a acabar en tu cuerpo”.

-¿España es un país ecologista?

“¡No! [en tono enérgico y rotundo]”.

-¿Y los españoles somos ecologistas?

“Los españoles quieren muy poco a la naturaleza. Desde el punto de vista histórico y sociológico. El país que lidera, desde una perspectiva porcentual, la lucha por el medio ambiente, es Inglaterra, donde el 40% de la población tiene un vínculo directo con el asunto, pero el cinismo es espectacular, porque también es uno de los países que más ha contribuido a demoler el mundo. Lo mismo que los japoneses, que mira cómo van todos a ver florecer los cerezos, qué sensibilidad, y por otro lado están destruyendo como posesos. Es muy típico de la naturaleza humana este debate eterno. Como los cazadores, que te dicen que son los que más quieren a la naturaleza y a los animales. ¡Pues manda h…! Cuando un cazador me dice que quiere mucho a la naturaleza y a los animales, siempre respondo que yo soy obispo”.

-¿Nunca le ha tentado meterse en política?

“Me han tentado, pero lo he tenido siempre muy claro. He sido asesor de cuatro ministros de Medio Ambiente”.

-¿Le hacían caso?

“No, no. He sido asesor, incluso, antes de la creación del Ministerio de Medio Ambiente con Isabel Tocino, también lo fui con Josep Borrell cuando era ministro de Fomento, a Cristina Narbona. Con Isabel Tocino dimití a los quince días… Pero en fin, lo que quería decir es que siempre he exigido que mi asesoramiento fuera altruista, pero es tal la decepción… Ser asesor es la mejor forma de que desprecien algo que para ti es muy importante, porque el porcentaje de plasmación de lo asesorado es ridículo, el uno por mil”.

-¿Sabe que en Canarias, y particularmente en Tenerife, las carreteras ya no dan avío, dada la cantidad de vehículos que circulan por ellas y la incompetencia de las autoridades con los atascos?

“Sí que lo sabía, y en relación con lo que hablábamos antes, no sé si usted sabe que lo de cambiar el modelo de transporte es un asunto que lleva 46 años encima de la mesa. Después de la Cumbre de Estocolmo ya estábamos todos diciendo que así no íbamos a ningún lado. Luego los ministros te dicen que sí y tal, pero luego nada”.

-Como en Tenerife.

“Sí, tengo cierta idea de lo que ocurre aquí. El volumen de uso del automóvil en Canarias es algo absolutamente disparatado. Muy superior a territorios que son mil veces más grandes”.

-¿Cómo se convence al conductor para que apueste por el transporte público o rentabilice mejor el espacio en los vehículos?

“No es nada fácil, porque la fuerza más poderosa del universo es la comodidad. Pelear contra la comodidad, que, si lo piensa, es otra manera de definir lo que hacemos los defensores de la naturaleza, es la lucha más desigual. Y bajarse de la comodidad, es decir, bajarse del coche, exige mucha pedagogía, mucho compromiso personal, conciencia, conocimiento y lucidez. Exige una revolución intelectual”.

“Nadie recicla en su casa; como mucho separamos basura”

Dice que ha tenido mucha suerte en llevar medio siglo como divulgador ecologista y científico, pero lo cierto es que está más que dotado para una manera de comunicar en la que no tiene lugar la hipocresía. Así lo explicó en el TEA durante su intervención en las jornadas La aventura de comprender. Comunicación y colaboración, donde reflexionó sobre el uso del lenguaje: “El reciclaje se ha convertido en una gran industria, y cuando nos dicen recicle usted en su casa es mentira, porque como mucho lo que hacemos es separar basuras”. Siempre reacio a la comodidad (que define como “la fuerza más poderosa del universo), cuando se le pregunta por la responsabilidad social de las empresas replica que “son como los curas que van proclamando la paz entre los hombres y luego abusan de los menores que tienen a mano”. Tiene los máximos reconocimientos internacionales por su labor, pero tardó dos semanas en cansarse del ministro de turno. Predica con el ejemplo y vive en un bosque. Solo puede ser alguien como Joaquín Araujo.