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80 personas sin hogar, pasarán la Navidad en las calles palmeras

80 personas pasarán la noche de Navidad en las calles palmeras, algunos a la intemperie
Una de las 80 personas sin techo en La Palma duerme en la puerta de la Iglesia de Santo Domingo. | DA

80 personas pasarán la noche de Navidad en las calles palmeras, algunos a la intemperie. El mediodía del domingo, 23 de diciembre, los voluntarios de Cáritas y parte de estos hombres y mujeres de incierto futuro, compartirán un almuerzo navideño en la casa parroquial de la Iglesia de San Francisco de la capital palmera, la máxima aproximación a la que aspiran para celebrar la Navidad este grupo humano de distintas edades entre las que hay jóvenes, mayores de 60 años y algunas mujeres. Todos ellos son atendidos en la Isla por la organización religiosa Cáritas Diocesanas a través de los arciprestazgos de Los Llanos de Aridane y Santa Cruz de La Palma. La puerta de la emblemática iglesia de Santo Domingo en la capital, edificios abandonados en distintos puntos de Santa Cruz de La Palma o a medio construir en el caso de Los Llanos de Aridane, o lugares al abrigo de algún elemento del mobiliario urbano de la ciudad, son los lugares donde estas personas sin hogar pasarán la Nochebuena palmera.

José Antonio Díaz Ávila, coordinador del Programa de Inclusión Social de Cáritas Diocesanas en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, con tres lustros acumulados de experiencia en el trabajo directo con personas en exclusión social, reconoce que “la noche de Navidad es para estas personas un momento triste porque hacen repaso de sus vidas, del pasado que tuvieron y de la incertidumbre del futuro”. Con dos másteres en materia social, este Licenciado en Filosofía explica a DIARIO DE AVISOS que el número de los sin techo contabilizados en La Palma ha crecido en el último año en un total de 20 personas, personas cuyo mayor amparo es prestado por los 36 voluntarios con los que Cáritas cuenta en la isla de La Palma, gentes que sacan tiempo de su familia para atenderles, preparar una comida caliente al día, lavar su ropa y escucharles.

En la casa parroquial de la Iglesia de San Francisco, estos voluntarios han organizado un ropero, servicio de duchas para que tengan posibilidad de asearse, y hasta una lavandería. Díaz Ávila asegura que “no hay un perfil fijo” ni social ni laboral ni de antecedentes familiares entre los sin techo, y se concitan personas con pasados tan dispares como empresarios arruinados, profesores de secundaria, jóvenes de familias desustructuradas, personas con patologías duales, y mujeres de mediana edad solas y sin ningún respaldo familiar ni social. A estos perfiles se suman otros, los de inmigrantes en situación irregular que no han logrado la nacionalidad ni un trabajo del que vivir.

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