Literatura

Agustín Espinosa toma de nuevo la palabra en las Islas

El escritor, uno de los principales autores de una de las etapas culturales más intensas que ha vivido el Archipiélago, será protagonista del Día de las Letras Canarias en este año 2019

Perfil de Agustín Espinosa, en una imagen de la colección familiar, publicada en un artículo de Ana María García Pérez.

Cuando 2019 da los primeros pasos, la cultura canaria saluda a uno de sus escritores más singulares, Agustín Espinosa (Puerto de la Cruz 1897-Los Realejos 1939), a quien el Gobierno ha acordado dedicar el Día de las Letras Canarias este año. Una oportunidad para dar visibilidad y reivindicar la obra del autor de Crimen, de quien Pérez Minik dijo que era “el más surrealista de todos los españoles”.

Pero no estamos ante un autor olvidado o desconocido, al menos entre determinados ámbitos culturales y académicos. Así lo defiende el escritor y y catedrático de Literatura de la Universidad de La Laguna, Nilo Palenzuela, quien asegura en una entrevista con DIARIO DE AVISOS que “en absoluto” Agustín Espinosa es un autor desconocido. “Acaso es poco leído por los lectores, pero es un autor con un lenguaje arriesgado, muy contemporáneo, que puede percibirse como las películas más atrevidas de Buñuel, sobre todo Crimen, el relato que tantos disgustos le costó tras el levantamiento militar de 1936”.

El reconocimiento del autor supera incluso las fronteras del país. “En Francia, por ejemplo, cuando se ha celebrado en el Centro Pompidou una gran exposición surrealista, Agustín Espinosa está presente en las referencias de los conocedores del movimiento. Por otro lado, Serge Fauchereau y Georges Sebbag, grandes conocedores del surrealismo, siempre le han prestado atención. José Miguel Corrales, entre nosotros, ha publicados sus obras y hoy desde cualquier rincón del mundo puede encontrarse a través de la Ediciones Lulu y de Amazon”, sostiene Palenzuela.

Mientras que en lo que respecta a la recepción de su obra recuerda que “desde que Josefina Betancor y Manuel Padorno publicaron en Madrid, en 1974, Crimen. Lancelot 28º-7º. Media hora jugando a los dados, Espinosa es un autor que está lejos de ser un desconocido”.

Crimen, publicada en 1934 y cuya portada está ilustrada por Óscar Domínguez, es la obra que la crítica considera la máxima creación literaria del autor portuense y uno de los textos de narrativa surrealista más importantes de España. Pero este “insólito libro del más puro y violento surrealismo”, como lo describe Miguel Pérez Corrales en su estudio publicado en dos tomos sobre Agustín Espinosa, situó al escritor en el punto de mira de la crítica de la sociedad conservadora y moralista de la época, que atacó con saña al autor, llegándose incluso a quemar ejemplares como un aquelarre propio de los tiempos de la Inquisición. Poco después, con el golpe de Estado de Franco, esta obra sería el principal argumento al que se acogerían las fuerzas reaccionarias para depurar a su autor de la enseñanza pública, de lo que no le libró ni siquiera afiliarse en Falange. Aunque fue readmitido tiempo después al revisar su causa.

Llegamos así a la cima de su producción literaria, que es muy diversa y está formada por narrativa, poesía, teatro (La casa de Tócame Roque) o ensayos, a la vez que se aproxima el colapso de la cultura y la libertad que iba a representar la irrupción de la Guerra Civil en un contexto de plenitud de las letras en las Islas pocas veces alcanzado en su historia, donde Espinosa jugó un papel capital tanto como impulsor de las vanguardias literarias como en la introducción del surrealismo.

A principios de 1939, al poco tiempo de recuperar su puesto como catedrático de Lengua y Literatura, falleció en su casa familiar de Los Realejos, como consecuencia del agravamiento de una enfermedad de estómago que padecía. Su último destino había sido el instituto de Santa Cruz de La Palma.

La enseñanza fue la tarea profesional a la que estuvo ligado desde que terminó los estudios de Filosofía y Letras, que realizó entre las universidades de Granada y Madrid, ciudad esta última donde se doctoró con un trabajo de investigación sobre Clavijo y Fajardo. Después de dos etapas como ayudante de la cátedra de Lengua y Literatura de la Universidad de La Laguna, fue director de Colegio de Segunda Enseñanza del Puerto de La Cruz.

Otra imagen de Agustín Espinosa de la colección familiar, publicada en el citado artículo.

En 1928 obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura Española de Mahón (Menorca) y pasa a ser destinado como Comisario Regio en el Instituto de Segunda Enseñanza de Arrecife, que acababa de crearse. Es precisamente en esta isla donde gesta otro de sus grandes títulos: Lancelot, 28º – 7º. En 1929 regresa a Las Palmas. Allí ejercerá la docencia en el Instituto Pérez Galdós. En el terreno personal, cabe destacar que en esta etapa se casa con Josefina Boissier, con quien tuvo tres hijos.

En 1935 se desplazó a Santa Cruz de Tenerife como director del recién creado Instituto Nacional de Segunda Enseñanza. En la capital tinerfeña se pone al frente del Ateneo, donde se celebrará la mítica exposición surrealista, en la que participan Andre Breton y Péret. Una muestra que da cuenta de la vitalidad cultural de las Islas en ese momento y de la trascendencia de la revista Gaceta de Arte, de la que era uno de sus valedores.

Nilo Palenzuela defiende que su papel en las vanguardias en Canarias es “central” en los años 20 y 30 del siglo pasado. “Todos recibieron su influencia, incluso los que inicialmente no quisieron, como Pedro García Cabrera y Eduardo Westerdahl. En el grupo de Gaceta de Arte es el escritor que ofrece horizontes intelectuales y creadores a sus compañeros. Espinosa fue el guía que los acercó al surrealismo. Pero, individualista radical, tampoco se puede decir que formara parte de un grupo homogéneo. Con sus compañeros firmó en 1935 el manifiesto surrealista junto a Jacqueline Lamba, André Breton y Benjamin Péret. Desde entonces, como los grupos belgas, checos o ingleses, Canarias forma parte del despliegue del surrealismo internacional”.

Pedro García Cabrera, Pérez Minik, Espinosa, Jacqueline Breton y Benjamin Pérez, en una imagen tomada por Eduardo Westerdhal y reproducida en ‘Entre el mito y el sueño’, de Pérez Corrales.

Sobre su estilo, destaca Palenzuela que “Agustín Espinosa empezó en los años 20 en medio de la estética cubista y, como numerosos poetas y artistas en Francia, evolucionó del cubismo al surrealismo. Internacionalmente es conocido por Crimen y por algunos de sus audaces artículos surrealistas”.

Corrales, por su parte, destaca en la obra citada anteriormente que una de las características centrales de Espinosa es “su inquietante versatilidad, que lo convierte en una figura escurridiza, plagada de paradojas y contradicciones, hosca al encasillamiento, desconcertante, y de ahí -finalmente- controvertida por inasimilable”.

Se le ha situado como el principal referente del surrealismo en el terreno literario en España. Al respecto, Nilo Palenzuela argumenta que “existieron varios escritores en Aragón y en Cataluña que se sintieron muy próximos al surrealismo. Pero no hay un surrealismo español, y menos con rasgos nacionales. El surrealismo es por naturaleza internacionalista. Como Serge Fauchereau y Georges Sebbag han destacado en Francia y como lo ha hecho desde aquí José Miguel Pérez Corrales, Espinosa es uno de los grandes escritores del surrealismo”.

Así las cosas, este año que acaba de arrancar trae la oportunidad de conocer más a fondo la obra y la personalidad de este escritor canario, de quien Palenzuela reivindica “su aliento poético, su peculiar escritura, su actitud libertaria. Oda a María Ana, primer premio de axilas sin depilar de 1930 es un texto lleno de humor, que todavía provoca escándalo”.