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Detectan 200 llamadas al día entre dos de los acusados justo antes del asesinato de Toledo

Los agentes que investigaron el crimen declaran en el juicio que Alexander solo se entregó en Madrid cuando se vio rodeado
Uno de los tres acusados, durante el juicio. Sergio Méndez

Los especialistas de la Policía Nacional que investigaron la violenta muerte de Raimundo Toledo, acaecida en diciembre de 2015, detectaron unas 200 llamadas diarias que achacan a dos de los acusados por el secuestro y asesinato del citado empresario tinerfeño.

Se trata, precisamente, de los dos encausados que niegan cualquier relación con los hechos y que eran amantes, a pesar de que Sandra, considerada por la Fiscalía como la cerebro del crimen, era pareja sentimental de un sobrino de la víctima.

Su amante era Alexander, que después de ser arrestada Sandra voló a Madrid, donde acabó entregándose ante el “importante despliegue operativo” que, según explicaron los agentes, se llevó a cabo para su arresto en el barrio de Carabanchel.

Esas 200 llamadas diarias se produjeron justo en las jornadas anteriores al secuestro y asesinato de Toledo.

Así lo declararon ayer bajo juramento los distintos policías nacionales que, como testigos, fueron interrogados en la quinta sesión del juicio que celebra la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por esta causa.

Los agentes encontraron, justo después de la desaparición del empresario en Santa Cruz de Tenerife, el vehículo que, presuntamente, utilizaron Alexander y el tercer acusado, Diego Claudio, para llegar a la capital, volviendo al sur en un Honda del empresario que luego apareció despeñado en la Montaña de la Centinela con el cadáver de Toledo dentro.

En ese vehículo se encontró una pistola de aire comprimido comprada por Sandra (quien dijo en el juicio haberla perdido), así como un móvil cuyo rastreo de llamadas llevó, precisamente, a la detención de esta mujer.

Al poco, continuaron explicando los agentes, se produjo el arresto de Diego Claudio, quien se entregó en el Sur de Tenerife.

Pero faltaba Alexander, que ya había volado hacia Madrid. Los investigadores supieron que este sospechoso se ocultaba en el barrio de Carabanchel porque desde varios locutorios de esta zona de Madrid se repetían las llamadas a Lisandra, hija de Sandra y presunta encubridora de este crimen, a cuenta de lo cual será juzgada por ello en una pieza separada del procedimiento que nos ocupa.

La Policía Nacional cercó el piso donde sospechaban que se ocultaba Alexander, que finalmente -siempre según la versión de los agentes- acabó requiriendo de un abogado para entregarse.

Resta recordar que tanto la Fiscalía como las acusaciones particulares que representan a los familiares de la víctima solicitan un total de 31 años de cárcel para cada uno de los tres encausados.

Por su parte, tanto Sandra como Alexander niegan cualquier tipo de participación en los hechos, mientras que Diego Claudio, como se ha dicho, reconoce haber participado bajo engaño (le dijeron que era para cobrar un dinero), pero que, cuando se fue esa noche, el empresario seguía vivo.

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