
Canarias vive con intensidad los acontecimientos que se vienen sucediendo en Venezuela desde el pasado miércoles 23 de enero en el que se juramentó como presidente interino Juan Guaidó e inició un proceso de transición que permita recuperar la democracia que, según denuncia la oposición, derribó el régimen chavista. Son pocos en las islas los que, por uno u otro motivo, no tienen parientes o conocidos en el país caribeño, del que además están retornando muchos isleños debido a la profunda crisis económica y social por la que atraviesa la república que un día ofreció una nueva oportunidad a miles de canarios.
Antonio procede de La Palma. Con 47 años, llegó a Venezuela siendo niño y continúa viviendo en Caracas, ciudad donde tiene su familia y trabaja como conductor. La realidad es que no quiere ofrecer más datos de su identidad porque el miedo a la represión sigue siendo muy fuerte entre la ciudadanía, aunque el pasado miércoles fue una de las miles personas que salió a la calle para protestar contra el Gobierno de Maduro.
“La gente salió desesperada porque esto no se aguanta”, comenta en una conversación a través de las redes sociales, que es el único medio que tienen para informarse, nos comenta. “Las televisoras no dan noticias, no dicen nada, lo tienen prohibido”, añade este canario, que reconoce que su entorno vive estas fechas “con incertidumbre, esperando a ver qué pasa”.
“Hay mucha tensión, muchos negocios están cerrados, no hay mucha gente en la calle, todo el mundo está en las casas, esperando a ver qué pasa. Mucho miedo tiene la gente”, concluye este canario, que lamenta que la situación de Venezuela “es desde hace mucho tiempo bastante crítica y se ha agudizado cada vez más”.
“Conseguir los alimentos es muy difícil y muy costoso. De las medicinas ni hablar. La inflación es bárbara. Estamos esperando a ver si se logra salir de este problema. Para muchos canarios que llegaron a Venezuela, que están en el ramos de la agricultura, ha sido más fuerte porque la producción se le ha negado por todas partes”, explica.
Del sector agrícola es Luis (nombre ficticio porque no quiere relevar su identidad también por miedo), otro canario que reside en una ciudad del Estado Portuguesa, que relata que viven estos días en “una tensa calma”.
Aunque la situación está más normalizada que en otras urbes como Caracas, “de noche hay zonas en la que la gente sale a quemar caucho o cerrar algunas calles, pero la guardia los dispersa rápidamente”. Esto ha provocado también que se haya registrado algunos saqueos en negocios. Pero, en general, la gente hace una vida normal y los colegios, por ejemplo, están abiertos, aunque el día después de la manifestación la mayor parte de los padres decidieron no llevar a sus hijos a clases.

Andrea González, la joven de origen tinerfeño que fue presa política y que continúa en Caracas a la espera de que se celebre el juicio por su causa, asegura que la gente está “esperanzada”. “Lo único que pregunta es cuánto más tenemos que aguantar porque lo que queremos es que se vaya”, en alusión al presidente Maduro.
“En cualquier sitio hablan de este nuevo presidente. Tenemos la posibilidad de un Gobierno diferente, la gente está muy emocionada”. Asegura además que a pesar de que hay miedo, “no es el miedo de siempre”, por lo que prefieren salir a protestar a la calle a “morir de hambre”.




