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Sin que sirva de precedente

Por una vez, y sin que sirva de precedente, Maduro tiene razón. Le pregunta el mastodonte venezolano a Pedro Sánchez por qué le pide elecciones en Venezuela cuando Sánchez no ha sido capaz de convocarlas en España, como prometió. Es tan grave quebrantar una promesa -lo que ha hecho el español- como ser un tramposo electoral, como es Maduro. Sánchez, que entró en el Gobierno por la puerta falsa de una moción de censura, era la última persona de los líderes europeos que tenía que haber salido a la televisión para dar un plazo de convocatoria electoral al dictador venezolano. Debía, al menos, permanecer callado. Y reconocer inmediatamente a Juan Guaidó como presidente provisional de Venezuela, sin más explicaciones porque todas sobran. Si se pone a pontificar y a erigirse en líder de Europa y poco menos que en responsable de reformar políticamente Venezuela, pierde. A Maduro hay que sacarlo de ahí aunque sea a patadas, pero Pedro Sánchez no es el más indicado para intentarlo, para moralizarlo, para enviarle admoniciones ni para pedirle unas elecciones que el propio Sánchez no ha querido convocar, como prometió cuando los comunistas, los filoetarras, los independentistas y algún despistado suelto lo designaron presidente. España es un país de pícaros y de mentirosos, lo he dicho muchas veces. Cuando adoptamos a Ava Gardner la echaron a perder los toreros, los escritores borrachos y toda la fauna vaga nacional. Frank Sinatra odiaba a España por algo: porque los españoles eran fatuos, falsos y mentirosos. Victoria Beckham no soportaba vivir aquí porque España huele a ajo. En España casi nadie cumple lo que promete, ni los políticos. Así que tampoco poseen autoridad moral los nuestros para exigir a los demás, por muy dictadores que sean, que cambien su modo de proceder. Y lo peor es que Sánchez no tiene al lado a nadie que se lo haga ver.

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