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“Gracias a Dios que estamos vivos; si llego a estar en el coche, no lo habría contado”

Una familia pasa la noche aterrorizada tras caer sobre su casa de Anaga rocas de gran tamaño; piden ayuda desde hace 11 años
Una roca enorme se quedó atascada en uno de los agujeros causados por el derrumbe;. DA

“Gracias a Dios que estamos vivos; si me llego a quedar en el coche o hubiera pasado en otro momento, igual no lo habría contado”. A Candelaria (Caya para todos sus familiares y conocidos) no se le quita el miedo del cuerpo desde que, en la madrugada del pasado viernes a ayer sábado, varias rocas de enorme tamaño cayeron sobre el techo de su vivienda, ubicada en el número 52 de la calle Degollada de las Hijas, donde las Casas de la Cumbre, en pleno Parque Rural de Anaga.

“No hemos podido dormir desde entonces, porque nos vimos solos en plena noche, con la manta de agua que estaba arreciando, y mi marido y yo nos arriesgamos para quitar mi coche de allí, porque una de las rocas se quedó trabada en medio del techo y si acababa cayendo, lo destroza seguro”.

Lo peor es que no se trata de un derrumbe puntual que ha causado serios daños materiales en una vivienda, porque tiempo hubo de sobra para evitar lo sucedido: “Llevamos más de 10 años pidiendo que pongan una malla de contención, no solo por nosotros, sino por toda la gente que pasa por la carretera, donde también caen las piedras desde hace años”, explica Caya.

Prueba de ello son dos escritos a los que ha tenido acceso DIARIO DE AVISOS y que están dirigidos al Cabildo de Tenerife y al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, respectivamente, fechados ambos en 2012, y en los que se hace referencia a otros derrumbes en el lugar y a la necesidad de actuar de forma preventiva para evitar una desgracia que ayer estuvo a punto de consumarse.

Algunas de las piedras caídas por el derrumbe. DA

Caya y su marido viven en esta casa “desde, por lo menos, 1985, porque nosotros somos de Anaga desde siempre”. La pareja tiene tres hijos, uno de los cuales sigue con sus padres en esta vivienda de La Cumbre, a cuyo interior se accede por una estancia que usan como garaje y que da paso al resto de las habitaciones.

Fue precisamente en ese garaje donde cayeron varias rocas de gran tamaño en plena noche, “un susto tremendo, aunque la verdad es que llevamos tiempo con la inquietud de que pasara algo así. Nosotros lo que pedimos es estar tranquilos de una vez, porque si antes vivíamos con miedo, ahora tenemos más que nunca”, reconoce, entre sollozos, esta vecina de la capital.

Los tres estaban en la casa cuando se produjo el derrumbe, aunque ninguno en un garaje “donde es normal que estemos, sobre todo al llegar a casa. Yo misma suelo quedarme sentada en el coche recogiendo las cosas que traigo, el bolso, las llaves… Y el coche de mi hijo está al lado de donde cayeron las piedras”.

Aunque parezca increíble, los escritos en los que, al menos desde 2012, agentes y mandos de la Unidad del Medio Natural capitalina han informado a Cabildo y Ayuntamiento del peligro en la zona por estos derrumbes no han tenido respuesta alguna, a pesar de que ya se rondó la tragedia hace siete años, cuando una piedra estuvo cerca de alcanzar a la repartidora del pan.

“Hoy [ayer para el lector] se han portado bien. Han venido la concejala [Carmen Delia Alberto] y los de Urbanismo, y nos dicen que nos van a ayudar, que los bomberos vendrán el lunes para ver la casa”, detalla Caya, quien reserva sus palabras más cariñosas para la Unidad del Medio Natural, en la “que siempre nos han escuchado y han hecho lo que han podido”.

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