
La Palma teme que de un momento a otro se cuele en la isla la plaga de termitas americana que se ha localizado en distintos municipios de Tenerife. El intenso y continuo tráfico de mercancías que existe a diario entre una isla y otra, sumado al escaso control tanto en el puerto como en el aeropuerto, hace temer que en cualquier momento llega esta temible plaga que se ha hecho fuerte en la isla vecina y está causando estragos.
De momento no se ha certificado la presencia de este insecto en la isla de La Palma, tal y como han confirmado desde el área de Medio Ambiente del Cabildo a este periódico. Hay, eso sí, presencia de termitas en la isla, pero de las comunes, no esta variedad subterránea que ha disparado todas las alarmas en Tenerife.
“La realidad es que estamos en manos de la suerte”, reconoció el consejero insular de Medio Ambiente, Juan Manuel González Luis, en declaraciones a este periódico, quien recordó que las competencias en el control de puertos y aeropuertos están en manos del Estado.
“No hay controles de ningún tipo en el puerto, salvo en circunstancias excepcionales”, denunció el consejero, quien indicó que basta con que alguien realice una mudanza entre Tenerife y La Palma con un vehículo, con algún mueble infectado en la madera, para que la plaga entre en la Isla. “Somos conscientes de que es difícil un control absoluto, pero no se está haciendo nada”, añadió.
González Luis recordó el caso de la varroa en las abejas como una muestra de la facilidad con la que se introducen este tipo de plagas. Hasta el año 2001, La Palma era una isla libre de parásitos en el sector apícola, hasta que se introdujo algún ejemplar de abeja infectado. Es decir, la realidad es que no solo son las termitas americanas, que ahora son una amenaza cercana, sino que la isla está indefensa ante cualquier otra plaga que pueda llegar por puerto y aeropuerto.
El daño a la biodiversidad insular que ocasiona la entrada de estas plagas, además de representar una amenaza a la biodiversidad palmera, supone una enorme inversión para tratar su erradicación, como ha ocurrido con el caso del rabo de gato.
No solo autoridades políticas han elevado la voz sobre la situación de indefensión de la isla de La Palma a la hora de hacer frente a la entrada de especies invasoras. El biólogo Rafael García Becerra ha sido una de las voces autorizadas que ha demandado continuamente la necesidad de aumentar los controles fitosanitarios.




