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Nieve de abril

No es frecuente la nieve de abril, o casi, y tiene razón el mago, cuando dice que los tiempos están descambiados. No lo dice por sabio, como afirman sus adeptos, sino porque el mago se pasa el día mirando. Y tiene una memoria de elefante y un sentido de la tradición digno de mejor causa. Nieve en abril, hacía mucho tiempo que esto no se producía. Pronto se convertirá en nieve negra, que es un oxímoron que provoca el automovilista osado que acude en masa a teñirla de ese color con los tubos de escape de sus coches. Antañazo, el mago regresaba a casa con un muñeco de nieve sosteniendo una retama, creado sobre el capó; haragán que llegaba a la civilización -por llamarla de alguna manera- derretido y exhausto. El mago es un animal de costumbres y predice los tiempos con algún acierto, pero es porque los tiempos se repiten; se ruedan, pero se repiten. Este de abril, o casi, no es un tiempo normal, porque nevar en primavera es una herejía meteorológica, al menos aquí, en una isla en la que no nieva sino en invierno. Es decir, es una isla previsible, subtropical y con mucha mala leche. Falta ahora que los ciclistas no vayan al Teide a jugarse la vida, porque nadie parece convencerse de que con la densidad de nuestro tráfico los ciclistas están en peligro constante, por mucho que las leyes de tráfico los intenten proteger. Yo propongo, si sigue la afición de los cuñados al pedal, que les construyan vías protegidas para su uso exclusivo en el mismo transcurso de las carreteras. Y así, algún día ganaremos muchos Tours y preservaremos como se debe el medio ambiente, a fuerza de cuñados pundonorosos pedaleando sin cesar, sin riesgo y sin humo. Lo digo de corazón, no me pongan a parir en las redes sociales, en las que tampoco participo.

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