elecciones 28-a: editorial

Del triunfo socialista de ayer a la hora de la verdad el 26-M

Sánchez renueva su liderazgo nacional, pero, a su vez, frena el populismo de ultraderecha, que no despegó como quería
Editorial Elecciones 28-A

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La victoria sin paliativos del PSOE de Pedro Sánchez este 28-A inaugura una nueva etapa política en España y en Canarias, que recuerda viejos tiempos de felipismo, no tanto por las ya desterradas mayorías absolutas cuanto por la holgada distancia del segundo partido y la contundente implantación en el mapa provincial. El triunfo aplastante del Partido Socialista español es una buena noticia para Europa, para la alicaída socialdemocracia europea, y otorga al actual presidente suficientes apoyos para renovar cuatro años más su política de cambio con ayuda del centro o de la izquierda. Sánchez puede explorar pactos con Ciudadanos, pese a las objeciones de su líder, Albert Rivera, o con Podemos y algunas fuerzas nacionalistas, como hiciera durante estos 10 meses.

En las Islas, la resurrección de Coalición Canaria (CC), abocada en las encuestas a apearse del Congreso, solo se explica con el batacazo del PP de Pablo Casado, que abre una crisis profunda en el veterano partido de la derecha española tras la irrupción de Vox. Sin llegar a aportar los escaños que necesitaba la derecha para gobernar, diríase que Vox se estrena con fuerza, y que habiendo devorado al PP ha dado alas a CC, pues su salvación ha sido precisamente ocupar el agujero popular.

Sánchez renueva su liderazgo nacional, pero, a su vez, frena el populismo de ultraderecha, que no despegó como quería. La debacle popular -el PP pierde casi la mitad de sus escaños de 2016- abre una crisis sin precedentes en el que ha sido uno de los dos grandes partidos de poder en la España democrática de los últimos cuarenta años. Ciudadanos, al calor de su excelente resultado de ayer, ambiciona ya disputarle la segunda plaza al PP. En el otro extremo, Unidas Podemos retrocede -no en Canarias, como veremos-, pero ofrece a Sánchez los efectivos que necesita para explorar un Gobierno de izquierda con el apoyo inevitable de algunas fuerzas nacionalistas que salieron bien paradas ayer.

El actual presidente, que sale reforzado devolviendo un triunfo electoral al PSOE del que careció en los últimos once años, logra una ventaja exultante -si no insultante- respecto a su inmediato rival, el PP, con 123 escaños frente a tan solo 66. Desde esa distancia abismal que le erige en dueño y señor de la situación, disfruta de la posibilidad de elegir qué pacto le conviene más. Tiene a su alcance, en honor a los 10 meses que gobernó tras la moción de censura a Rajoy, la opción de reeditar los apoyos de lo que se dio en llamar un Gobierno Frankenstein, junto a Podemos, PNV y una parte selectiva de los soberanistas catalanes; en esta ocasión podría prescindir de los diputados de Puigdemont y circunscribirse a los de Junqueras (Esquerra Republicana, ERC), pues suman 180 escaños, una cifra suficiente, habida cuenta que la mayoría absoluta está establecida en 176. En el debe de este acuerdo influye la presencia de un partido que demanda un nuevo referéndum de autodeterminación. Dado que el horizonte político conduce a la nueva cita con las urnas el 26-M, a nadie se le escapa que cualquier pacto se aplazará hasta una vez cerrado el ciclo electoral. ERC es el partido nacionalista llamado a gobernar Cataluña, según los cálculos del PSOE, y aquel con el que anhela alcanzar un acuerdo de Estado que reconduzca el clima politico y rebaje la tensión entre Madrid y Barcelona. El desenlace judicial del procés y las medidas de gracia previsibles a partir de entonces hacen presumir, tarde o temprano, una reconciliación en esas instancias, que dé paso a la normalidad política e institucional entre una comunidad clave en el Estado de las Autonomías y el conjunto del Estado.

Sánchez no es rehén de ese pacto deudor del sector soberanista que acaba de ganar en Cataluña con toda nitidez. Tiene entre sus manos la posibilidad de articular mayorías relativas que le concedan la presidencia tras sucesivas votaciones.

Sin embargo, como queda dicho, el acuerdo más factible aritméticamente es el del PSOE con Ciudadanos (180 diputados, tantos como el citado pacto de izquierda y nacionalista), si no fuera por que tropieza con escollos ya conocidos y alguno sobrevenido. Albert Rivera comprometió hasta la extenuación su no es no a pactar con Sánchez, y puso difícil una marcha atrás. Además, el nuevo mapa político le pone al PP a tiro y la sombra del sorpasso en el centroderecha puede tentarle a permanecer en la oposición en un pulso de liderazgo con su vecino ideológico. Con todo, que nadie descarte un acuerdo PSOE-Cs, que espante los fantasmas de la secesión y calme a los mercados.

Todo está dicho, pero todavía no está escrito lo que está por suceder en las próximas semanas, las que distan de unas elecciones locales y europeas tan trascendentales como estas. La ola socialista llegó también a las Islas en las elecciones generales de ayer, consagrando al PSOE como la primera fuerza política en Canarias, tras desbancar al PP. Con este punto de partida, cabe imaginar uno de los duelos más reñidos en la historia política de esta tierra entre el PSOE y Coalición Canaria. Lo que el resultado de ayer pone de manifiesto es, junto al claro dominio socialista, la férrea capacidad de CC, que ha sabido, tras más de un cuarto de siglo al frente del poder autonómico, sortear su momento de mayor desgaste y peor imagen pública con ayuda del hundimiento del PP, que toca fondo y pierde la mitad de sus diputados en las Islas. En ese espacio, CC ha tenido más reflejos que Ciudadanos y se ha apropiado de un considerable botín de votos que le salva la vida, toda vez que los sondeos ponían en duda su escaño y, tras la hecatombre popular, CC renueva su diputado y obtiene en préstamo uno más. La cruz de esta moneda es que, a pocas décimas de cerrar el escrutinio de votos, CC perdía, por vez primera en más de dos décadas, representación en el Senado. La noticia de sus dos diputados es una inyección de moral, ante las elecciones locales y autonómicas del próximo mes, para un partido sumido hasta ahora en el desánimo por el giro político español, de la derecha a la izquierda, de la mano de Pedro Sánchez, que amenaza su continuidad al frente del Gobierno canario y de las principales instituciones insulares y municipales.

En términos futbolísticos, CC salió ayer airosa del partido de ida, a la espera del desenlace de una eliminatoria que tiene fecha y está a la vuelta de la esquina: el 26 de mayo. A favor, obran los dos diputados caídos del cielo; en contra, la percepción innegable de que un nuevo escenario se adivina en España y en Canarias. En las Islas, el nuevo auge del PSOE, encarnado en Sánchez y en Ángel Víctor Torres, y el repunte de Podemos, escalando hasta la condición de segunda fuerza regional, permite albergar la idea de que estas dos organizaciones juntas, PSOE y Podemos, podrán nuclear con otras de su espectro que están en la mente de todos (desde Nueva Canarias hasta la Agrupación Socialista Gomera) un Gobierno de cambio que pondría fin a décadas de CC. Y esta propensión a la alternancia es lo que quita el sueño a un partido de probada implantación en Tenerife, que en las elecciones provinciales de ayer sacó pecho y ahora ha de superar su prueba más difícil en unos comicios autonómicos, amén de revalidar su grado de resistencia o cansancio en ayuntamientos y cabildos donde lleva una eternidad.

Lo que dibujan estas elecciones generales es un nuevo mapa político y una profecía en toda regla, dado que no se extinguen en sí mismas, a causa de su condición de primera vuelta. Solo antes una vez, hace cuarenta años, hubo en España elecciones generales y locales separadas por un mes de diferencia como ahora. ¿Qué supone esto? Que estamos no ante el escrutinio de unas elecciones generales, sino ante el destino de un país de arriba abajo que se acabará de dilucidar el próximo 26 de mayo, y cuyo primer resultado obtenido ayer ejercerá una influencia decisiva en lo que acontezca cuando las urnas se abran de nuevo para votar concejales, consejeros de cabildos y diputados autonómicos, además de eurodiputados en un totum revolutum sin duda histórico.

De este doble partido electoral saldrán héroes, supervivientes y unos cuantos malheridos. Vista la experiencia política europea reciente, las diversas organizaciones tienen por delante un reto, que no se agota en la mera victoria o derrota, sino que, en algunos casos, implicará denodados esfuerzos para salvar los muebles y seguir contando en el futuro. Quiere esto decir que habrá partidos que se regeneren o refunden para no desaparecer y, entre tanto, el panorama que se adivina exige tomar nota de los errores cometidos y aprender sin pérdida de tiempo la lección de las urnas. La deriva sufrida por el PP nacional o el PSOE andaluz, las grietas que ponen la corrupción al descubierto y la necesidad urgente de líderes intachables que renueven la salud democrática y corrijan las desigualdades que ahondan el malestar ciudadano -basta mirar a Europa para imaginar los peligros que se ciernen sobre canarios y españoles en general- están emitiendo señales desde ayer al conjunto de la sociedad. Y esta, que desde hoy mismo se dispone a afrontar las elecciones de mayo con mayor conocimiento de causa, no va a dejar escapar la oportunidad de poner a cada uno en su sitio.

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