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Los polvos del profesor Meléndez consiguen la patente de uso europea

Casi 20 años después del gran impacto social que desató su terapia con glicina contra la obesidad y los problemas articulares, el prestigioso bioquímico de la ULL logra el reconocimiento a sus derechos de autoría, y con efecto retroactivo
Meléndez, con un bote de Glicina, en su despacho. S. Méndez
Meléndez, con un bote de Glicina, en su despacho. S. Méndez
Meléndez, con un bote de Glicina, en su despacho. S. Méndez

Alrededor de 15 años de calvario para el profesor Enrique Meléndez Hevia parecen haber llegado a su fin. El reconocimiento por parte de la Oficina Europea de Patentes (European Patent Office) de la patente de uso de uno de sus revolucionarios productos de complemento alimenticio, la Glicina, para el tratamiento de enfermedades del sistema mecánico es un triunfo después de tantos años de lucha y, sobre todo, de defensa, según adelantaron ayer a DIARIO DE AVISOS el propio bioquímico y su abogado, Gustavo Matos en la sede del Instituto del Metabolismo Celular.

Lo obtenido por Meléndez Hevia es algo muy poco frecuente, sobre todo en el territorio nacional. De las 50.680 patentes concedidas oficialmente en el año 2017 en Europa, sólo 805 fueron españolas, un ínfimo 1,59 por ciento del total y una cifra ridícula comparada con las 18.813 patentes concedidas para iniciativas alemanas (un 37,12 por ciento del total).

A nivel mundial Estados Unidos obtuvo 24.960 patentes en 2017 mientras que Japón contó con 17.660. España estaría en un decimoséptimo puesto en esa oficiosa clasificación que sirve para darle más mérito al logro alcanzado por Meléndez Hevia, un hombre que tocó el cielo gracias a su labor de investigación y sus dos productos estrellas, la Glicina y el Ácido Aspártico, y que fue deportado hasta un infierno muy particular por las Administraciones canarias y hasta por sus compañeros en la labor docente en la Universidad de La Laguna.

Esta patente europea está destinada para un uso determinado y en unas condiciones, en cuanto a dosis y aplicaciones, para dolencias que tienen que ver con el sistema mecánico del cuerpo humano. “Esto es un logro histórico que le pone un certificado a toda una investigación del profesor, es la consecuencia de años y años de investigación del profesor Meléndez Hevia en el campo del metabolismo”, señalaba su abogado, Gustavo Matos, tras haber recibido la confirmación de la aprobación de la patente de uso “después de haber pasado pruebas muy exigentes”.

De esta forma, a partir de este momento y con efecto retroactivo, desde su publicación del pasado 3 de abril en el boletín oficial de la Oficina Europea de Patentes, nadie puede comercializar la Glicina a través del método, las dosis y el uso que el profesor Meléndez Hevia lleva defendiendo desde su irrupción en el mercado de hace más de una década. Este efecto retroactivo supone que cualquiera que aprovechara el proceso que tuvo el profesor por la actuación de las administraciones de la Comunidad Autónoma “cuando a él se le prohibió la comercialización de su producto mientras otros lo copiaron y sí lo usaron intentando imitarle”, podría tener consecuencias jurídicas, tal y como avanzaba Gustavo Matos que reconocía que este “es un triunfo, es algo que viene a hacer justicia con el profesor, que se vio sometido a una persecución, a un linchamiento público” con una sanción impuesta por el Gobierno de Canarias de 360.000 euros, que “lo colocó al límite de lo que se puede colocar a un ser humano en todo, en lo personal, familiar, patrimonial… en todo, porque fueron implacables”.

La justicia le dio la razón al profesor Meléndez Hevia en 2011 con una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que vino a decir que los productos “no estaban bajo la legislación estricta de un medicamento y que eran complementos alimenticios”, por lo que cancelaba los argumentos esgrimidos por el Gobierno de Canarias, la Dirección General de Farmacia y la Agencia Española de Medicamentos.

Esta sentencia anuló la sanción, obligó a levantar los embargos…, pero el frenazo fue de cien a cero lo que supuso un perjuicio económico incalculable teniendo que hacer frente a despidos de trabajadores e indemnizaciones, obligaciones con Hacienda y Seguridad Social. Este reconocimiento internacional obtenido a comienzos de mes por el profesor Meléndez Hevia, que supone la máxima protección que se puede tener “desde el punto de vista legal” para el uso de un producto que ha pasado un intenso filtro por parte de comités científicos y jurídicos muy exigentes es “de enhorabuena para el profesor Meléndez Hevia”, según destacó Matos.

La idea fundamental de la patente viene a demostrar que, a pesar de la opinión de sus detractores, el producto comercializado por Meléndez Hevia “funciona para lo que el profesor dice y para lo que se ha patentado” en función de las condiciones de máxima restricción por las que pasa un producto para obtener la patente de uso.

Las reivindicaciones aceptadas en este proceso tienen que ver con el tratamiento de enfermedades degenerativas como artritis, artrosis y osteoporosis en las dosis que permitan obtener la cantidad adecuada de Glicina diaria que no es capaz de ser generada por el metabolismo humano, “que alcanza un límite de fabricación de unos tres gramos al día imposible de sobrepasar”, explicaba Menéndez.

En la solicitud original de la patente no sólo están mencionadas las dolencias anteriores sino algunas más que también podrían ser aceptadas próximamente “en una patente adicional que ya está presentada”, como confirmó el mismo profesor Meléndez Hevia a DIARIO DE AVISOS.

“Hemos tenido miles de pacientes que pudieron resolver sus problemas mecánicos”, señalaba el bioquímico que no ha encontrado “ningún caso adverso ni reclamación alguna” como consecuencia del uso de la Glicina en estos 15 años. “Hubo una mezcla de ignorancia y de falta de rigor científico además de intereses individuales y colectivos”, desvelaba Matos que seguirá peleando junto al profesor Meléndez Hevia, “una eminencia en su campo a nivel internacional” para interponer las reclamaciones correspondientes “a todos los que nos han estado imitando”.

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