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Sin agua, aislados y a oscuras, apuntes canarios de los apagones

La crisis energética no da tregua en Venezuela, donde los isleños que aún resisten en tierras caribeñas sufren las graves consecuencias del colapso en que terminó de entrar el país en las últimas semanas
La falta de agua provoca situaciones límite. | El Nacional

Cuando parecía que nada peor le podía suceder a Venezuela, estas últimas semanas el país ha dado otro gran paso atrás con los continuos apagones que han fundido la luz a casi todo un país que ya sobrevivía entre las tinieblas del hambre y la corrupción. Una crisis energética sin precedentes que ha dejado a la población en una situación de extrema vulnerabilidad. Un país prácticamente paralizado, que ha terminado de embarrancar al albur de un Gobierno desnortado y cada vez más aislado.

Esta crisis la están padeciendo en su piel miles de canarios que viven en Venezuela y que han sido testigos de cómo el país de promisión se ha convertido en un erial, en el que la subsistencia se yergue como ley y cualquier signo de bienestar social en un mero espejismo. A la ausencia de bienes básicos de alimentación o medicinas, se suma la caída del sistema eléctrico, que tiene una vertiente terrible, como es la inseguridad, en un país que sin este agravante registra una de las mayores tasas de delincuencia del mundo.

Una circunstancia que una joven venezolana de origen canario, Andrea, recuerda con temor la noche que comenzó el segundo gran apagón en Caracas, el pasado 25 de marzo. “En cuanto se fue la luz, empezamos a escuchar tiros porque los malandros ya estaban preparados. Esto parece el apocalipsis. Se va la luz y la gente se encierra en las casas”. De hecho, indica que a uno de los vecinos de la zona donde vive lo secuestraron y robaron en su casa. Ante esta situación, señala que durante la noche “estamos pendientes de los vecinos, pegando gritos cada tanto para avisar que uno está bien, porque desde que oscurece hasta que amanece esto es zona roja”.

Lo cierto es que el panorama que describe parece el de aquellas ciudades que han sufrido una guerra. “En el primer apagón me quedé sin agua, sin luz y sin gas”. Reconoce que “el mayor problema” no es estar a oscuras, sino la caída del abastecimiento de agua. Además no disponían de dinero efectivo para hacer compras de cosas básicas como el agua, el hielo para conservar los alimentos o velas para alumbrarse. “Desde el primer corte de luz hasta ahora he tenido agua solo tres días”.

Otro testimonio que nos relatan desde Caracas es la de una pareja de ancianos de origen isleño, que viven solos en la planta décima de un edificio y que se han visto impedidos de poder salir a la calle para poder adquirir alimentos o agua. Una dificultad que han ido superando gracias a la colaboración de los vecinos. El aislamiento y la incomunicación física como este caso y, en muchos otros también vía telefónica o por internet, por la caída de los operadores, son otra nota común a esta nuevo rostro de la crisis que se ha asomado en Venezuela con toda su virulencia.

Así nos narra también lo sucedido una familia de origen tinerfeño que vive en el barrio de La Candelaria, que ha preferido mantener el anonimato por temor. “En esos momentos solo podíamos hablar con vecinos o con familiares que viviesen cerca, ya que el servicio de telefonía e internet estaban totalmente caídos. No se podía realizar una llamada ni mandar un mensaje”. Una situación que provocaba una gran incertidumbre, agravada por la falta de información fiable, nos dicen.

Otro aspecto que narra esta familia es la afección que ha tenido esta crisis energética en la movilidad. El principal medio de transporte en la ciudad, el metro, se vio paralizado por la falta de suministro energético, mientras que “el otro transporte público, que son las camioneticas, escasea”. De hecho, el Gobierno suspendió la actividad laboral y lectiva durante prácticamente toda la pasada semana, lo que permite hacerse una idea del alcance de esta grave crisis energética, que literalmente ha paralizado a un país.

Los problemas para adquirir alimentos crecen. | El Nacional

Una imagen que también está dejando esta crisis es la de las largas colas en las gasolineras del país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Surtidores que disponían de combustible y no dependían de la electricidad para el servicio. Esta circunstancia también dificultaba la movilidad por la ciudad con los vehículos particulares.

En lo que se refiere a la alimentación, esta familia recalca que durante los apagones son “contados con los dedos de una mano los negocios que poseen planta eléctrica”, es decir, aquellos que pueden mantener la actividad con un generador independiente. “Así, prácticamente solo podíamos sobrevivir con lo que poseíamos en la nevera, pues pocos negocios estaban abiertos y además cobraban en dólares o en efectivo, que normalmente escasea y solo ciertas personas lo poseen en cantidades importantes, definiendo cantidad importante como lo suficiente para comprar pan y queso”.

La extrema necesidad ha propiciado estos días situaciones límites de las que han informado diversos medios de comunicación venezolanos como que el desabastecimiento de agua haya llevado a ciudadanos a coger agua del río Guaire, que lleva años contaminado.

Esta crisis energética, que profundiza aún más la desesperación del pueblo venezolano, no solo ataca al escaso bienestar material de la sociedad, sino también de alguna manera daña la moral de los ciudadanos. Así desde una ciudad del estado Portuguesa, donde el rigor de la crisis no es tan profundo como en Caracas en aspectos como la inseguridad, nos cuenta un hijo de canarios que emigraron a Venezuela en la década de los sesenta que “lo malo de todo esto es que uno se va como acostumbrando”.
En su vivienda disfrutan de un generador que les permite mantener la nevera fría para conservar los alimentos o recargar los teléfonos, además se trata de “una zona agrícola muy pacífica”.

Tampoco han tenido problemas de abastecimiento de agua. Pero insiste en que cada vez los venezolanos se van acostumbrando a acoger lo que debería ser algo muy excepcional, como la normalidad. “¿Se fue la luz? Y uno lo que agradece es que se haya ido por un día, dos o tres días. Y así, sin darse cuenta, uno va cayendo como en el abandono”.

Y la situación suma y sigue. El viernes por la noche volvió a producirse un nuevo apagón que ha afectado a la mayor parte de los estados de Venezuela. El rostro más duro de esta crisis son los problemas sanitarios que arrastran por la falta de suministro eléctrico en hospitales, que se han cobrado vidas. Hasta el momento, según las fuentes consultadas por este periódico, no se conocen casos de canarios en ese estado límite.

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