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El juego del ‘Yi Ching’

Se soporta este manual sapiencial y oracular sobre una cosmogonía de 64 hexagramas formados por las combinaciones de los 8 trigramas

La mejor versión del Libro de las Mutaciones chino, el Yi Ching, fue traducida por Richard Wilhem (1873, Alemania-1930, Alemania), sacerdote luterano alemán, que vivió en China y la acabó en Pekín en 1923. Con encabezado de Jorge Luis Borges (1899, Argentina-1986, Suiza) y prólogo, de 1966, de Carl Jung (1875, Suiza-1961, Suiza) . El Libro de las Mutaciones es el producto de la cultura china entre 1122 a.C. y 221 a.C., 901 años, de la sabiduría taoísta y bajo los principios de la moral confuciana. Atribuido entre otros a Lao Tse, inspirador de la cultura-religión china. Al igual que podemos decir del Libro de los Muertos o de La Salida al Día de los antiguos egipcios, 1.550 a.C.-50 a.C., 1.500 años de cultura. O más cercana la Biblia, conjunto de libros del Antiguo y Nuevo Testamento, judaísmo y cristianismo, desde el 750 a.C.-110 d.C., 860 años. O los Vedas y Upanishads de los hinduistas del 1.000 a.C. Libros milenarios que soportan las culturas de estas cuatro civilizaciones.

El Yi Ching cruza ciencia y ética, ciencia y religión. Así se entiende que sus traductores a occidente hayan sido religiosos cristianos, atraídos por su carga científico-filosófica-espiritual. Es un libro sapiencial, dotado del espíritu del Yang, armonía del individuo con el fin de la vida y oracular, la Tierra-el Yin, instrumento de búsqueda de la orientación correcta. Se convierte en una cosmogonía, que representa la trama del mundo. Carl Jung valora su significado oponiendo el principio de causalidad occidental que describe la secuencia de los hechos, contra el principio de sincronicidad, que soporta el conocimiento oriental. Donde se atiende el aspecto casual de las circunstancias, interesa más las coincidencias, la forma real que la ideal. Los hechos en el espacio y tiempo significan algo más que el azar. Su criterio de validez es la opinión del observador, con lo que los hexagramas equivalen a una versión fiel de su estado psíquico. Para Jung, el Yi Ching es un instrumento para la exploración del inconsciente, ligado a la psicoterapia y a la psicología médica. Jung sostenía que la ciencia occidental ha perdido el principio de causalidad, porque las leyes naturales son ya solo “verdades estadísticas”.

Se soporta este manual sapiencial y oracular sobre una cosmogonía de 64 hexagramas formados por las combinaciones de los 8 trigramas. Cuyo signo integra al tiempo una característica familiar (padre, madre, tres hijos y tres hijas), una imagen asociada a la naturaleza, una cualidad del carácter personal y una capacidad social. La combinación de cada trigrama, que asume 4 caracteres, consigo mismo, produce 64 signos (KUA) que visualizan 64 estructuras de comunicación, que al asumir 4 capacidades ligadas a la familia, naturaleza, carácter y sociabilidad, configuran cualquier circunstancia del mundo, al dibujar 512 situaciones (83) y sus combinaciones.

El acercamiento al Yi Ching ha venido ofreciendo en Occidente lecturas diversas. Desde un simple juego esotérico, que no aborda la verdadera iluminación del texto y el sentido de esta cultura secular. Como que sin perder el principio de la causalidad, supone un acercamiento humilde y reflexivo al Yi Ching y pueden ofrecernos mejor lectura del mundo y del propio yo. Mirarnos al espejo para “conocernos a nosotros mismos”. La globalización al ponernos en contacto con el mundo chino, nos ofrece la oportunidad de conocerles a través de la parte simbólica de su cultura. La aplicación práctica del confusionismo la podemos seguir en el ejercicio de las virtudes públicas de “respeto, laboriosidad y relación de lo público con lo privado”. Sin este componente es difícil traducir la deriva del comunismo al capitalismo de Estado, o el carácter fuertemente nacionalista que soporta el poder emergente de China.

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