tribuna

El Sahel, la otra frontera

El pasado 9 de julio celebramos en Casa África una jornada informativa, dentro del ciclo #ÁfricaEsNoticia, que dedicamos al Sahel, y que llevó un título que creemos explica tantas cosas: El Sahel, la otra frontera. Es suficientemente conocido que el Sahel se ha convertido, en los últimos años, en una fuente inagotable de noticias. Y, […]

El pasado 9 de julio celebramos en Casa África una jornada informativa, dentro del ciclo #ÁfricaEsNoticia, que dedicamos al Sahel, y que llevó un título que creemos explica tantas cosas: El Sahel, la otra frontera. Es suficientemente conocido que el Sahel se ha convertido, en los últimos años, en una fuente inagotable de noticias. Y, lamentablemente, con no muy buenas noticias.

Porque con la terminología Sahel a veces se simplifica una variedad de conceptos referidos a múltiples realidades. Si pensamos en una simple acepción geográfica, conviene que recordemos que se trata de una franja de unos 5.000 km de largo que se extiende desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, abarcando doce países soberanos, de los que en el año 2014 cinco de ellos constituyeron el G5 Sahel por decisión soberana de los jefes de Estado de Mali, Mauritania, Níger, Chad y Burkina Faso.

Desde la creación del G5 Sahel, la Unión Europea (UE) ha establecido un partenariado con esta nueva organización, celebrando de forma regular una reunión anual entre los ministros del G5 y la alta representación de la UE, de forma tal que la UE para sus estrategias y acciones toma en consideración esta acepción institucional de G5.

Además del G5, que podríamos considerar como un Sahel institucional, podríamos extenderlo a un Sahel geoestratégico que tiene en cuenta a aquellos países con capacidad de influir de forma determinante en los acontecimientos que se producen en el G5 Sahel, como son Argelia, Libia, Senegal y Nigeria e incluso organizaciones regionales como la Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao).

No podemos obviar un hecho lamentable derivado de la debilidad intrínseca de la región, como es el de que en el Sahel se encuentran los países más pobres de África, con el índice de desarrollo humano más bajo, dado que, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de septiembre de 2018, cuatro de los países del G5 se encuentran en los últimos ocho puestos de desarrollo humano de todo el mundo, ocupando Níger el último de ellos. Mauritania se sitúa en el puesto 159 de 189 países analizados. En el Sahel, la extrema pobreza afecta al 80% de la población y el analfabetismo al 70% de sus habitantes.

Además, no hay que olvidarlo, el crecimiento demográfico que le espera a la región es único en el mundo. Solo en Níger (el país con la media de edad de la población más joven del mundo, que no supera los 16 años), la previsión es que su población se cuadruplique en los próximos 30 años. Ese crecimiento de población se afronta, además, por parte de unos países con una estructura estatal débil, y en algunos casos, con un peso especialmente doloroso de su deuda externa en las cuentas nacionales, en un momento de desaceleración económica coyuntural.
Tal y como se recoge en las Conclusiones del Consejo de la UE del 25 de junio de 2018 sobre el Sahel y Mali, hay también una crisis alimentaria en un contexto de creciente fragilidad, provocada por sequías, como consecuencia directa del cambio climático y por lo que se podría hablar de crisis medioambiental.

Crisis que afecta gravemente a los colectivos más vulnerables: refugiados y personas desplazadas internamente debido a los conflictos armados, con grave incidencia en mujeres y niños. Ya el enviado especial de Naciones Unidas para el Sahel, Ibrahim Thiaw, lo ha afirmado en varias ocasiones: es la región del planeta que reúne al mayor número de personas afectadas por el cambio climático. Según los datos de Naciones Unidas, el 80% de las tierras cultivables se han degradado, y la temperatura media aumenta mucho más rápida que la media global, lo que provoca un incremento de las sequías y las inundaciones causantes de la inseguridad alimentaria, que en la región se calcula afecta directamente a más de 6 millones de personas.

En el Sahel los problemas y crisis son transfronterizos. Por ello la UE estableció una estrategia que se vertebra en un nexo indisociable entre seguridad y desarrollo, con un Plan de Acción Regional en el que se identifican cinco grandes líneas de acción desde un enfoque integral: prevención y lucha contra la radicalización, juventud, migración, movilidad y control de fronteras, así como la lucha contra los tráficos ilícitos y el crimen transnacional organizado.

En el campo de la Seguridad, hay cuatro iniciativas de gran calado en estos momentos: la misión de Naciones Unidas en Malí (Minusma), operativa desde el 2013, y que cuenta con unos 16.000 efectivos en la zona y con un presupuesto de más de 1.000 millones de dólares; la operación francesa Barkhane, activa desde el 2014, con 4.500 soldados desplegados y unos 800 millones de dólares; las diferentes misiones de capacitación y entrenamiento militar enviadas por la UE (EUTM, Eucap-Malí y Eucap-Níger), dotadas de unos 900 efectivos y de un presupuesto de más de 100 millones y, finalmente, la Fuerza regional conjunta G5. Creada en 2014, el G5 ha sido una de las estrategias que mayor respaldo internacional ha recibido.

En 2017, el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (UA) aprobó el lanzamiento de una fuerza militar conjunta en el seno del G5, el llamado FC-G5S, con el objetivo de combatir directamente a los grupos terroristas, con un presupuesto de unos 423 millones de dólares. Apoyados por la UE, y muy especialmente por Francia, que es el país europeo que mayores intereses alberga en la región, tiene 5.000 efectivos desplegados con la compleja misión de patrullar y controlar algunas zonas transfronterizas clave.

En estos momentos en que España ha puesto en marcha su III Plan África. España y África: desafío y oportunidad, cuyo subtítulo hace referencia a esta dualidad, la del desafío y a la vez la gran oportunidad que para nuestro país constituye el continente africano, no hay ninguna duda de que el Sahel y su situación securitaria están en lo más alto, precisamente, de la columna de desafíos.