tribuna

‘La Edad de Oro’, de José Martí

Cuando viajé a Cuba por vez primera en 1985, con mi madre y mi esposa, para conocer a la familia del tío Pancho que vivía en San Antonio de los Baños, pude comprobar en los pueblos que recorrí la presencia conjunta de la bandera cubana y del busto de José Martí. Lo mismo me sucedió cuando en el verano del año siguiente, 1986, asistí en Sancti Spíritus al hermanamiento de la ciudad cubana con nuestra villa natal, La Orotava. Fue cuando Cuba se convirtió en spirituana y orotavense por culpa de dos villeros: Suárez y Paco González Casanova. Ya sabía que el apóstol de la Independencia cubana había sido hijo de dos españoles, un militar valenciano y una emigrante canaria, la tinerfeña Leonor Pérez. Martí nació en La Habana en enero de 1853 y falleció en Dos Ríos en mayo de 1895. Esos cuarenta y dos años de vida le sirvieron para conocer a fondo su Cuba natal, así como exilios en la España peninsular, México y los Estados Unidos de América. Mientras estuvo en USA decidió escribir en 1889 cuatro mensualidades literarias, destinadas a los niños de América, en una revista muy singular: La Edad de Oro. En julio, agosto, septiembre y octubre. La edición correspondía al señor A. Dacosta Gómez y la dirección de la administración era en Nueva York, en el número 77 de la William Street. Martí era un hombre polifacético que compartía su amor a la política republicana, en Cuba y en España, escritor, periodista, poeta y filósofo al que le gustaba cultivar la rosa blanca. Era el mayor y el único varón del matrimonio Martí-Pérez, que tuvo ocho vástagos. Por su parte, Martí dejó un solo hijo, Pepito, al que le dedicó un poema: Ismaelillo.
En mayo de 1995 celebramos en la sala Teobaldo Power de La Orotava, en mi etapa de eurodiputado, el centenario del fallecimiento de José Martí en la batalla de Dos Ríos, en su Cuba natal, el 19 de mayo de 1895, siendo enterrado en el oriente de la isla, en Santiago de Cuba. Fue un acto muy emotivo en el que intervinieron las autoridades del consulado en Canarias, un escritor habanero, Juan Carlos Sánchez, y Los Sabandeños, además de un grupo musical cubano. Entonces conseguí del ministro cubano de Cultura y del consejero del área de cultura del Cabildo Insular de Tenerife, Marcos Brito, la reedición facsimilar del libro La Edad de Oro. Entonces pude apreciar el valor espiritual de José Martí al fundar la revista destinada a los niños de las Américas que se publicaba en Nueva York. Entre otras cuestiones escribía cuentos para los chicos y resaltaba la importancia de las normas de justicia y dignidad humanas que deberían cultivarse en los niños desde su más tierna edad. Escribió y colaboró con muchos periódicos de algunos países iberoamericanos, como Venezuela, México y Argentina. En el caso de La Nación, de Buenos Aires, fue famoso el debate epistolar que mantuvo con el periodista canario Francisco González Díaz, acerca del enardecimiento del sentimiento patriótico de los cubanos, principalmente de los hijos de la emigración, para llamarles al esfuerzo común que permitiera conseguir la independencia de la patria cubana.
Aprovechando la efeméride de los 130 años de la publicación, en 1889, de La Edad de Oro, me permití comentarles a mis nietos, en un sábado primaveral y observando al Teide, el primer capítulo que Martí le dedicó a los niños de las Américas. Les animé a que lo leyesen para que supiesen cómo se vivía antes y entonces. En América y en otras tierras. Mientras, escuchaba Boleros de Oro.

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